Verano del 98 y el Sentido de Pertenencia

Antes de ver qué significa el “sentido de pertenencia”, y para qué te sirve, pongámonos en situación con un poco de música veraniega. 

 

Ojo, este post, al igual que el de la gestión del tiempo, viene con motivo oculto y sorpresa al final. En especial para aquellos que vivieron el verano del 98.

 

SENTIDO DE PERTENENCIA PARA DUMMIES

Hace un par de días Pilar Navarro Colorado, de quien ya os he hablado más de una vez, tuiteó esto:

tuit Pilar Colorado

 

La foto del pie por si os habéis dejado las gafas en casa:

Sentido de pertenencia

 

Se refiere al grupo del que también os he hablado alguna vez (me repito como el ajo) del “Escritor Emprendedor” de Ana González Duque.

 

Cuando lo vi, me alegré por dos razones:

 

  • Me incluye, (¡Bonica, que eres una bonica!)y ahora hablaremos de lo importante que es sentirse incluida por tus pares.  (Cabe la posibilidad de que lo hiciera porque, al igual que ella, yo también soy una talibán de la paella. En serio, en mi presencia no denomines paella a algo que es arroz con cosas o aparecerá el duende oscuro.)
  • Me venía que ni al pelo para el post que tenía pensado sobre Sentido de Pertenencia. O sea, este.

 

Momento definición de Sentido de Pertenencia: “El sentimiento o la conciencia de formar parte de un grupo en el que adquirimos modelos de referencia, que influyen directamente en nuestras características”.

 

Sentido de pertenencia burla
“Sintidi di pirtininci mimimimimi”

 

Os lo explico rápido, que ya sé que estamos en verano y tenéis que ir a la playa: sentir que encajas, sentir que no eres un impostor entre tus pares, sentir que tienes cosas en común con tu grupo de referencia (amigos, compañeros de trabajo, familia) y abrazar sus valores y características como propias.

 

Somos animales sociales, necesitamos al grupo. Primero por protección y supervivencia. Después, para satisfacer parte de nuestros anhelos, de nuestras necesidades afectivas, como el reconocimiento de nuestros iguales, y, por qué no, la amistad.

 

Necesitamos sentir que estamos dentro. Que encajamos. Definirnos a través de unas características comunes, aunque estas características sean “no me parezco a nadie”.

 

Miércoles Adams
¿Hablas de mí?

 

GENTE QUE TE ENTIENDE: LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS CORRECTAS

 

El sentido de pertenencia también parte de un lenguaje común, ya sea la jerga adolescente que deja “out” a los padres, o los tecnicismos propios de una profesión o lugar de trabajo.

Si quieres encajar en un grupo, tienes que empezar a hablar como lo hacen sus miembros.

 

 Utilizar el lenguaje del grupo nos ayuda a incluirnos. Yo nunca encajé en cierto grupo de mi infancia porque, según ellos, “tenía mucho vocabulario”. Ni que decir tiene que, aunque en su momento fue un drama, a la larga creo que fue lo mejor.

Tengo una amiga que me habla de “placement” y de “chupilanding”, y son términos que ella reconoce de su empresa. En el hotel donde trabajaba antes hablábamos del informe pájaro, de que faltaba una cex, de que tal día había un desvío, o de que los celestes estaban llenos. Y todos nos entendíamos.

Por eso mismo es tan importante sentir que has encontrado gente que te entiende.¿Cuántas veces has usado esta expresión sin pararte a pensar en lo que significa?

Para los escritores, que pasamos gran parte del tiempo solos con nuestro ordenador, encontrar a alguien que no piense que estas jugando a las cartas cuando le cuentes que estás construyendo una escaleta , es sentir que no estás solo ante esta inmensa aunque dulce maraña que es el mundo de la escritura profesional.

De ahí el tuit de Pilar, que, dicho sea de paso, secundo totalmente

 

TO ENCAJAR OR NOT TO ENCAJAR: THIS IS LA CUESTIÓN.

 

Lo primero que he dicho es que todos necesitamos un grupo en el que sentir que encajamos. Pero eso sentido de pertenencia al grupo solo es válido si está de acuerdo con nuestra individualidad. Los grupos que anulan las características individuales son tóxicos (de comportamientos tóxicos ya hablamos otro día).

 

El ejemplo más fácil y manido es el adolescente que no se siente bien en ningún lado. La mayoría de personas, en algún momento, quizás en el instituto, en el pueblo, en el trabajo nuevo, ha sentido que no encajaba. A ti también te habrá pasado a no ser que seas una cheerleader rubia y salgas con el quaterback (¿qué leches es esto?).

 

Enchufe que no encaja

 

Ante todo, debes seguir siendo fiel a ti mismo. 

ENTONCES, ¿CÓMO HAGO PARA INCLUIRME EN EL GRUPO?

Consejos de azucarillo de hoy:

  1. TIENES QUE SER TÚ QUIEN HAGA EL ESFUERZO POR ENCAJAR. Tienes que salir, ser simpático en la piscina o en el parque, hablar con gente, ir a esa cena de trabajo aunque estén cayendo chuzos de punta.
  2. INTERÉSATE POR LA GENTE. Si escuchas y preguntas cómo les va a los demás, es muy posible que la gente acabe preguntándote también.
  3. SONRÍE Y MIRA A LOS OJOS CUANDO HABLES. ¿Tengo que explicar esto, en serio?
  4. UTILIZA EL LENGUAJE DEL GRUPO. A no ser que tu grupo diga cosas como “haiga”. En ese caso considérate exento de esta regla.
  5. DONDE FUERES… Únete a las actividades y normas del grupo. Por ejemplo, en el grupo de Facebook que os contaba está prohibido hacer spam con nuestra novela. Entonces no pongas enlaces a tu novela. No hay que ser pesado con la novela que hemos escrito y que resulta que tiene una valoración de 4,6 en Amazon.

 

 

La sorpresa final: SCARBOROUGH 98

 

El verdadero motivo de este post es que hace la friolera de 20 años que pasé uno de los mejores veranos de mi vida.

17, tenía. Yo y los ¿29? más que fuimos becados con un programa del gobierno para pasar un mes en Inglaterra, con clases y estancia en familia.

Aprendí muchísimo inglés; me di cuenta de que me encantaban los idiomas. Pero eso no fue lo mejor.

Lo mejor, fue el sentido de pertenencia.

 

Crear vínculos tan fuertes con toda esa gente que aún a día de hoy, siguen vivos.

En aquel país extraño, donde en verano llovía y hacía frío (¡imaginad a una valenciana allí!), nos sentimos como en casa, en ese batiburrillo de acentos que se nos conformó. Al menos a mí.

Yo, que nunca he sido patriota, me encontré vistiendo una camiseta roja que compramos a saber dónde y que rezaba “Spain”.

Pero, a la vez, me sentí en casa. Sentí que pertenecía. De una manera tan real y tan fuerte que no puedo explicar.

(En realidad sí que puedo: adolescencia + sentimiento de estar fuera de casa por primera vez + juergas todos los días). Pero no le quitemos romanticismo.

 

Para la Spanish People

 

20 años. Lo cierto es que no recuerdo todos vuestros nombres, aunque creo que los tengo apuntados en un cuaderno que todavía guardo junto con vuestras cartas. Porque entonces no existían el wasap, ni el Facebook ni el Messenger. El cartero tocaba el timbre, y el corazón se nos saltaba.

Tengo todas vuestras cartas, y puedo demostrarlo.

Cartas

 

Seguro que muchos tampoco os acordáis de mí. 

En cambio, tengo grabado a fuego infinitas escenas. Tantas que me dan ganas de gritar. Recuerdo una chica rubia de Murcia, que cantaba como Marta Sánchez, y llevaba una hebilla de zapato colgada del cuello. Cantó “Vivo por ella”, mientras alguien que sí recuerdo me cogía de la mano, alguien que durante mucho tiempo me llamó siempre (¡al fijo!) para felicitarme el cumpleaños. 

Recuerdo una gallega que lloraba mucho, porque no era feliz. Ella no encontró ese sentido de pertenencia. En el anuario, escribió: “yo no soy así”, refiriéndose a que en su casa era una muchacha alegre. Lo que ella no sabía es que los viajes sirven para enseñarnos cosas de nosotros mismos que desconocemos.

A mí me enseñó tantas cosas. Como por ejemplo que un chico y una chica pueden ser amigos, y solo amigos, y no querer nada más, ni nada menos.

Recuerdo un madrileño que me confesó haber tenido que ir hasta Inglaterra para apreciar la comida de verdad. Y hoy es un foodie que deja a la altura del betún a los masterchef.

Recuerdo un ingeniero en telecomunicaciones, que entonces no sabía que lo iba a ser. Tampoco sabía que un día se pondría el mundo por montera, mandaría a la mierda las convenciones y los trabajos serios, y se montaría una escuela de Lindy Hop. Y le iría bien.

Y hubo un caballero andante del sur que nos enamoró a todas y a todos con su buen rollo, porque no se puede ser mejor persona. No se puede. Tanto es que al final decidió seguir ayudando a la gente y se hizo coach. Él no lo sabía entonces. Tampoco que iba a perder la melena rubia que lucía cual anuncio Pantene.

Había una madrileña con acento andaluz junto con la que llegué a la luna, y que un 11 de marzo se metería en un atasco enorme para ver si podía ayudar en el hospital, aunque no tenía turno. Estaba aquella gallega que se parecía tanto a mí, que estudiamos lo mismo, un madrileño que hablaba valenciano que ha acabado en Asturias, y una chica de Alicante de la que me despedí diciendo, “¡ya nos vemos!”.  Como si fuéramos a encontrarnos comprando el pan.

Recuerdo a una avilesa que tenía voz para la radio y pluma para escribir grandes historias de amor. Y un chaval imberbe, que ahora luce perilla en el Pasapalabra, y que publica y escribe relatos para Sinécdoque que hacen llorar de lo maravillosos que son, como este.

Vi a una sevillana desmayarse con el vestido de la comunión de su hermano, antes muerta que sencilla. Me cambié de casa con un granadino. Había alguien de Loja, y uno que hacía surf, y dos gemelas, y una chica que siempre me pareció preciosa, y que no se decide a escribir. ¡Escribe! Ahora es el momento.

Espero que no os enfadéis aquellos que faltáis. Es que es tarde y el post no me da para más.

Y todos, todos, nos encontramos hoy con 20 años más. Muchos somos papás, otros no. Todos somos más viejos. Los hay quien viven en la misma ciudad, los hay que incluso viven al lado de donde nos conocimos. Algunos se siguen viendo, cuando pueden. Otros no nos hemos visto en todo este tiempo, más que en las viejas fotos. 

Durante años intentamos hacer una quedada general, e incluso una vez lo medio conseguimos en Salamanca. Quizás algún día.

20 años. No hemos perdido el contacto. Hemos tenido grupo de Messenger y ahora de Facebook. Y lo que venga.

 Y solo hay un motivo para ello: el sentido de pertenencia a esa “Spanish people”, que no era más que un montón de chavales con ganas de pasarlo bien, de aprender, de vivir, de enamorarse, de salir, de bailar, de beber, de conocer.

Pero, sobre todo, ganas de hacer amigos.

Solo hay una forma de acabar este post, vosotros ya lo sabéis.

“Spanish people, DPM”.

 

 

 

3 comentarios en “Verano del 98 y el Sentido de Pertenencia

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