Soy una exhibicionista o el concepto de privacidad y la nueva Ley de RGPD

Privacidad es un concepto extraño, porque no es lo mismo lo que yo entiendo por privacidad que lo que puedan entender otros. Un ejemplo: Soy bastante propensa a pasearme en pelotas por mi casa (pilucha que dicen los chilenos), muchas veces con las cortinas abiertas. Sin darme cuenta. Eso es así.

Primero, ya que hablamos de desnudar nuestra intimidad, algo de música para caldear el ambiente:

Sí, lo confieso. También soy de las que hacen topless. Total, para lo que hay que ver. Eso en España, porque aquí en Chile está prohibido.

Tengo que deciros, queridos amigos chilenos, que para ciertas cosas vivís en otro siglo. Pero no os lo toméis a mal, yo creo que es cosa del continente; si no que se lo digan a los norteamericanos y su doble moral.

Teta
¡Oh dios mío una teta! Apaga la televisión y pon Game of thrones, que no sale sexo ni nada

Esto del exhibicionismo lo achaco un poco a que me crié con el calor de Valencia. Ese calor húmedo y pegajoso que te hace sudar a mares, aunque acabes de salir de la ducha. Esos cuarenta a la sombra de las tardes de agosto, donde solo se oye el tour de fondo y alguna que otra chicharra desvergonzada. En resumen: calor. Y eso que mi padre trabajaba de técnico de aire acondicionado. Pero ya se sabe que en casa de herrero cuchillo de palo.

cuchillo de palo
Momento filosófaurio (*palabra pendiente de registro legal)

“Chis eh tú, la que escribe, para un poco. ¿Se puede saber que tiene que ver tu exhibicionismo con la nueva ley de protección de datos ( RGPD)?”

Desde luego hay que explicároslo todo, si está clarísimo.

 

Qué tiene que ver ser exhibicionista y la Ley de Protección de Datos ( RGPD)

 

Para aquellos que no tenéis negocios o blogs idiotas como este, la nueva ley lo que exige (entre otras cosas) es que:

  1.  La conexión sea segura. (Esto es bueno para todos y no creo que nadie tenga nada que alegar al respecto)
  2.  Que las políticas de datos estén escritas de manera sencilla y comprensible para todos los mortales y algunos semi-dioses. (Aunque no os lo creáis, porque seguro que vosotros pertenecéis al 1% de la población que se lee toda las políticas del mundo antes de darle a “Sí, quiero ver el video del gatito”, hay gente que pulsa “aceptar” sin entender nada y sin leer primero).
Gato gracioso
Gato desesperado aceptando políticas de privacidad para poder ver porno gatuno

3) Que todo aquel que recabe datos de personas (y semidioses) se identifique claramente. (Claramente quiere decir nombre, DNI, y dirección)

 

Ahora, el tercer punto está muy bien si eres IKEA o la FNAC, pero ¿qué pasa con los mierdibloggers como una servidora y bloggers profesionales? Pues que también aplica.

Sonsoles Fuentes (www.sonsolesfuentes.com, no os perdáis su blog) me dijo el otro día: ¡Pero si tú vives en Chile, ahí no te afectará!

Perooooooo mis adorados suscriptores (a los que regalo un cuento personalizado solo por un mail y una canción, y a los que te puedes unir con un click el cajetín de ahí al lado, ejem, ejem) son la mayoría de la madre patria. Así que sí que aplica. Ajo y agua.

Ajo y agua
Traducción simultánea para mis lectores chilenos : a joderse y a aguantarse

Y nunca mejor dicho.

¿Resultado? Esta semana se ha liado parda en la blogosfera.

 

Seguramente habéis recibido correos a diestro y siniestro pidiendo que reconfirméis datos. Entre ellos el mío (¡no me abandonéis!).

Menos mal que existe gente buena en este mundo (allá donde estés)  porque David Olier, David Generoso y un montón de gente más colgaron altruístamente unas guías estupendas de las que os dejo dos ejemplos aquí y aquí por si me leen otros bloggers (insertar risa irónica). Gracias Davides (@CabalTC) (@David_Generoso_) porque me habeis salvado el pellejo que tanto me gusta enseñar, ya que no tengo un peso para gastar en asesores.

 

A QUIÉN LE IMPORTA LO QUE YO HAGA

 (Te he hecho leer esto cantando como Alaska,  ¿a que sí?)

 

A todos los negocios del mundo. Porque LOS DATOS SON DINERO. No os engañéis, a través de cookies y permisos que aceptamos sin parpadear saben que páginas visitamos, que productos dudamos si comprar o no, como ese bolso que has visto en Mango o en Zara varias veces, y que de repente aparece en un banner derecho cada vez que abres el correo.

El otro día salió este artículo en el País que trata sobre si las empresas se aprovechan de nuestras conversaciones para enviarnos, cómo no, publicidad.  Yo estoy segura de que sí porque de Don Google me lo creo todo.

Matrix
Los de Google-Matrix viniendo a por mí tras mis declaraciones

La privacidad en esta época de redes sociales es una ilusión. Es algo que no solo aceptamos sino que promovemos y sacrificamos gustosamente.

Vivimos la época del exhibicionismo social. Me río yo del destape. Una época en que todos buscan quince minutos de fama, o un seguidor más. Me río yo de Gran Hermano. La gente postea fotos de su casa, de su familia, de sí mismos, sin pudor ni atisbo alguno de vergüenza. Y sí, yo también. 

¿Cuánto estás dispuesto a enseñar para ganar otro like?

 

LA PRIVACIDAD EN CHILE

 

La ley de protección de datos en Chile es muy parecida a la europea, aunque algo más laxa.

Pero ley y costumbre son dos cosas diferentes.

Imaginaos qué vais a comprar algo en el Corte Inglés y lo primero que os dice el dependiente es: “Deme su DNI”. ¿Alucinante no? Pues es la norma en Chile.

En casi todos los grandes comercios y farmacias (sí, sí, ¡farmacias!) te piden el RUT (DNI) antes de comprar.

Con esto, sin tú pedirlo ni autorizar nada, te ofrecen descuentos en productos que suelas comprar, pero también tarjetas de crédito, préstamos, seguros… Puedes negarte, pero la gente lo tiene tan incorporado en el ADN que ni se lo piensan.

Así que sí, si quieren, pueden saberlo todo de ti, desde el color de la ropa interior que compras, cuándo fue la última vez que compraste zapatos o si tienes una enfermedad venérea, y tu pareja no.

¿QUIÉN VA?

 

Como os decía, uno de los puntos claves de la nueva ley es que aquel que recaba datos se debe identificar de manera pública.

Mi compañeros en el grupo del escritor emprendedor en el que tan agustico me encuentro, estaban debatiendo acerca de cómo afectaba esta ley a nuestra própia privacidad, cuando yo ya había puesto mi nombre, dni, y talla de sujetador a disposición de todo el mundo.

 

No es que sea hippie, es que soy una inconsciente, porque nunca se sabe qué pirado/a puede estar buscándote (y si no que se lo digan a las protagonistas de Mar de Invierno en Cadaqués).

 

Todo esto porque, para variar, la ley esta hecha con el c… mal, está mal hecha. O por lo menos está pensada para grandes empresas, sin diferenciar a la gente como nosotros, que lo único que recabamos es un email (¡y en mi caso una canción que te guste!) para mandar nuestros articulillos. Y algún aviso de que se pone a la venta la novela que con tanto amor hemos creado.

 

No me entendáis mal, estoy totalmente de acuerdo con ponernos serios con la privacidad de los datos.

A mí me llegan mails desde hace un año de un tío que vende barcos, y al que estoy harta de amenazar con cuchillos oxidados para que deje de enviármelos (porque no tiene la famosa casilla de unsucribe)

SI ME LEES, QUÍTAME DE LA LISTA, que no te voy a comprar un barco, leñe. Que vivo en un valle al lado de la montaña.

 

Según la nueva ley, al barquero en cuestión se le podría caer el pelo si le denunciara, con multas de hasta veinte millones de euros o el 4% del volumen de negocio global su facturación y una indemnización para mí, que oye, me vendría de perlas para financiar mi próxima novela o… ¿Para comprarme un barco?

Yate
Horror de yate que me pienso comprar con la indemnización

El problema es que para proteger los datos de nuestros amados y venerados suscriptores, tenemos que dejar nuestros datos, y por inri los de las personas que viven con nosotros.

Parece que es la triste tónica general de las leyes, desproteger a unos para proteger a los otros. Y no quiero ni mencionar otras leyes que están ahora mismo tristemente en voga, en los que a menudo se juzga a la víctima en lugar del presunto perpetuador. Se me revuelven las tripas.

¿Acaso no hay otra forma de legislar?

 

Hay compañeros que se están planteando un apartado de correos, como si fuéramos una casilla de Amazon. Otros que directamentr han tirado la toalla, ambas opciones comprensibles.

En mi caso, no voy a hacerlo, porque no va a venir nadie a verme a Chile. De hecho, si os apetece venir, estáis más que invitados; hago una coca de llanda estupenda. Solo avisadme antes, para que me no me pilléis en modo exhibicionista.

¿Y tú, eres de los que guardan virginalmente sus datos o de los que los enseñan al mundo?

2 comentarios en “Soy una exhibicionista o el concepto de privacidad y la nueva Ley de RGPD

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *