Por qué procrastinar y productividad son dos palabras que he desterrado de mi vocabulario.

procrastinar

Procrastinar, productividad, disruptivo, resiliencia… Qué asco me dan las palabras que se ponen de moda. Lo siento, es así.

Esto es solo un inciso, porque este post, por si os lo estáis preguntando, va de porqué ya no hablo de productividad ni de procrastinar; es decir, porque ya no me preocupo si un día soy incapaz de hacer nada a derechas o si me da por levantarme cuarenta veces de la silla antes de escribir dos palabras.

Creo que este post sobre el pecado capital de procrastinar aplica sobre todo a los que trabajamos desde casa. Ya sabéis de lo que os hablo: poner la lavadora se convierte por momentos en una necesidad urgente que nos hace abandonar cualquier cosa, incluido el informe. Lo que ocurre, claro, es que escribir el informe es un peñazo, y es mejor levantarse con cualquier excusa.

Me voy a hacer un café y ahora vuelvo, que no me apetece seguir. Vosotros mientras, dadle al play y poneros cómodos. Estáis en vuestra casa.

Procrastinar: Palabra llena de erres para decir “Aplazar o diferir tareas”

Os iba a poner la definición de la RAE pero me he contenido, que luego hay gente que me llama marisabidilla.

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¡Al turrón!

Por circunstancias raras de la vida he tenido que aprender sobre gestión del tiempo y meterme en programas de organización de tareas tipo Trello y cosas así de organizaciones y Cajas Eisenhowers varias.

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Esto es una Caja Eishenhower

En esas lares obsesionados con el tiempo y la productividad siempre te hablan mucho de las distracciones y de programar las tareas, los objetivos del día y demás. Si seguís el blog veis que yo siempre voy contracorriente de todo lo que dice la gente sensata, a la que seguramente deberíais hacer caso.

Resumen: a mí esto me parece un poco una chorrada.

No es que os vaya a animar a procrrrasttririrnn a aplazar tareas: os animo a escucharos cada día.

Sí, hay ciertas tareas (urgentes, importantes) según el cuadro de allá arriba, que deberíais plantearos hacer hoy.  Será mejor para todos si las haces.

Peeeroooo

Aunque los KPI (indicadores de desempeño, es decir, tienes que hacer tanta facturación, tantas visitas, tantas llamadas) están muy de moda , yo os incito a (con cabeza, pequeños padawan, que enseguida os venís arriba) si no estáis en el día, y no conseguís o no os veis capaz de llevar a cabo los objetivos marcados para esta jornada, no mortificaros por ello.

Hay días que estamos más creativos; hay días que en cuatro horas sacamos el trabajo de una semana. Hay días en los que nos gustaría que repartieron esto en la empresa en lugar de bolígrafos:

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Me recuerda un poco al demogorgon ¿a vosotros no?

Me he liado: Yo lo que quería decir, es que, en ocasiones, hay que saber adaptar las tareas a nuestro estado de ánimo, y no al revés.

Os cuento: ahora que ya no tengo tanto tiempo para escribir, me programo los lunes y los viernes para la novela y el blog, aunque sea solo un rato.

Sin embargo el lunes pasado acabé yendo a correr, tras estar media hora dándole vueltas a una frase. Os pensáis que exagero (como siempre) pero no, en este caso, y sin que sirva de precedente, es cierto.

Me sirvió para relajarme, soltar estrés, y mira por dónde se me ocurrió una idea para un personaje.

Guzmán va a ser un poco macarrilla, os aviso: esta va a ser su canción favorita.

Productividad: qué pereza de palabra

Hay días en los que no soy productiva. Me cuesta concentrarme, me doy mil vueltas, la hoja sigue blanca, se me ocurren quinientos chistes de los que solo me río yo, y me entran necesidades absurdas como buscar en internet el orden de los planetas, a ver si me acordaba. (Respuesta no, no me acordaba).

Ya hice un post entero dándole la bienvenida a los descentrados, aunque en realidad era una excusa para daros 5 trucos para centraros (de los que funcionan). Échale un vistazo si ves que necesitas ayuda extra para la tortilla, ah no, digo, para concentrarte.

Torturarse por tener un día despiste, es decir, por procrastinar, no es la solución.

Ojo, esto no es una excusa para pasaros los días haciendo el vago, pero sí quitarnos el peso de encima (sobre todo aquellos que trabajáis por objetivos) de los días en los que no se avanza.

Los días en que dejamos las listas de pendientes de lado, el cerebro suele dar suelta a su creatividad, a explorar ideas que hasta entonces no había considerado.

Para aquellos que escribimos o aquellos que trabajamos desde casa: procrastinar es una tentación

Empezar a escribir una novela siempre me resulta difícil. Esta tercera quizás más que las anteriores. Al fin y al cabo, para las otras disponía de tiempo, que es lo más importante. Me levantaba, desayunaba, llevaba a mi hija a la guardería, escribía toda la mañana. Además, la primera fue la de la ilusión desbordada, los personajes estaban muy presentes en mi vida, en todo lo que veía. Si una mañana no conseguía nada decente ¡qué importaba! Vendrían otros días.

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Mar de Invierno en Cadaqués

La segunda costó un poco más de arrancar, pero la historia estaba arañada ya en hojas guardadas, así que poco a poco encontré el hilo. Cierto es que andaba “volandera” (perdona que te robe la palabra María), y hasta que no solté aquello que tenía entre el corazón y la mente no pude llegar hasta Max. Pero aún así tenía todo mi tiempo, salvo algunas clases que daba de inglés.

Un año y medio, más menos, es lo que me dediqué a ellas. Una privilegiada lo sé; una apuesta fuerte que duró una año y medio: luego he tenido que volver al mundo de los mortales trabajadores.

Esta segunda novela lleva un año escrita, y va por ahí dando tumbos, esperando que alguna editorial se decida. Tiene plazo, no obstante, porque ya sabéis que yo soy muy ansias. Así que no os preocupéis, más pronto que tarde la podréis leer, de una manera u otra.

A la tercera no va la vencida

La tercera, en cambio, nace de una hoja en blanco y eso me cuesta. Yo, que soy lo que llaman escritora de brújula, es decir, aquellos que escribimos la historia sin tener un plan perfectamente estructurado antes, no sé llegar a la escaleta (el guión de la novela) que otros hacen previa sin antes matarme a escribir, a soñar.

Sí, claro, las ideas, las metas, el dolor que quiere transformarse en tinta, eso está todo en mi mente hecho un ovillo; pero llega la hora de tejer, y a veces no se encuentra el cabo del que tirar.

Escribir es difícil porque sientes que todo lo que escribes es basura. Muchos días así es.

Y sin embargo, lo que me engancha a esto de teclear es que cada hilo que trenzo y consigo que encaje, cada aguja que enhebro, cada palabra que llega donde la estaban esperando, justo en el hueco que el universo había dejado para ella, para mí es una satisfacción inigualable.

Eres escritor si sientes que escribir es lo que has venido hacer a esta bola de piedra que se pasea por el infinito. Lo que se supone que tienes que hacer.

En mi caso eso y abrazar a mi pequeñí.

Cosas que ayudan a dejar de procrastinar cuando la página sigue blanca

Ver el amanecer ayuda.

Esta canción ayuda.

Llorar ayuda.

Reír, beber vino y hacer el amor. Todo ayuda.

Y soñar la novela, porque hoy, tras un sueño extraño en el que se mezclaban sellos, el Parque de Ayora, un culturista que se parecía a He-Man, y una amiga que hace mil que no veo, de repente me he despertado y he pensado que Sisco debía tener el pelo canoso, y su hermano, Guzmán, largo.

No sé por qué.

Es difícil escribir, pero ayuda escuchar esta canción y dejarme llorar.

¿Cuántas veces lo evitas tú, llorar? Seguro que muchas. No te avergüences, es lo que nos han enseñado, a esconder los sentimientos. Pero lo que no se saca, se pudre dentro.

No sé porqué lloro. Esto último es mentira. Lloro porque hoy es el cumpleaños de mi madre y yo estoy a 11000 km.

También puede ser la nostalgia del verano, aunque aquí sea invierno. Me vienen a la cabeza  a la vez Sabina y A la orilla de la chimenea y Lana del Rey y Summertime Sadness

Un beso ayuda.

El café y las tostadas también.

Vender mi primera novela también. (Ejem, ejem)

Que me llamara alguna de las quinientas editoriales a las que he enviado la segunda también ayudaría.

No os preocupéis que no pasa nada. Ya me conocéis, tengo más moral que el alcoyano. Llegarán los sís. O los autosís. Ya veremos.

No puedo hacer otra cosa desde que dejé libre del secuestro a la otra, hace ya más de dos años.

Solo mantengo en mente lo que me hace feliz: Escribir. Mi hija. (Dormir a su lado es único, tocar su mano y su pie en el vacío de la noche es anclarse al mundo). El ingeniero.

Vosotros con vuestras palabras de aliento.

Menudo tostón de post, otro día, uno mejor. Pero, si os apetece, podéis contarme qué opináis vosotros sobre productividad y procrastinar.

6 commentarios

  1. R. Crespo
    19 agosto, 2019

    Hola, Cristina. Por mucho que intento organizarme de forma que me de tiempo a hacer todo lo que quiero según el día que sea, siempre termino haciendo otras cosas diferentes. Quizá sea porque me escucho y sé que eso que planeé el día anterior no es lo que quiero hacer. De todas formas, nunca me flagelo por ello porque si no es ese día, será otro. Y todo ayuda cuando se trata de escribir: la música, ver el amanecer, el anochecer (me pasa más que lo de ver el amanecer), salir a pasear y ver cómo se desenvuelve el mundo a tu alrededor, etc. Hay muchas cosas que nos pueden ayudar, aunque luego está en nosotros ponernos a ello o dejar que la idea madure mucho más antes de sentarnos a escribir “más seriamente” (esto quizá solo me suceda a mí jaja).

    Un placer leerte.

    Saludos <3

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    1. Cristina Bou
      19 agosto, 2019

      Estoy de acuerdo: el anochecer también es un momento especial. ¡Y salir, salir, salir! Se escribe en la calle, aunque sea en la mente. Muchas gracias por leer y comentar, y como tú dices, vendrá el momento de escribir más seriamente.

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  2. MC
    9 agosto, 2019

    Doy fe de que ver amanecer ayuda. Llevo una temporada intentando levantarme muy temprano. Hay días que lo consigo y otros no, pero no me flagelo por ello, porque sé que hay mañanas en que es más importante que descanse tres horas más para poder rendir mejor durante el día que levantarme de madrugada.
    Eso sí, ver cómo el mundo se va iluminando tiene un no sé qué, qué sé yo, que te llena de energía por dentro. Así que intento hacerlo todo lo que puedo. Hay una hora en concreto, entre las seis y las siete de la mañana, en que los pájaros de todo el barrio se reúnen en los árboles que hay frente a mi casa y cantan como si no hubiera un mañana, que me pone los pelos de punta. Es mágico. Y me pone las pilas para sentarme frente al portátil y seguir escribiendo y trabajando. Aunque a veces no salga lo que tiene que salir como quiero que salga.
    Yo pienso también que mientras lo hagamos lo mejor que podamos podemos darnos comprensión y amor y estar contentas y seguir adelante. Aunque no hayamos marcado como completadas las tareas del día en el Trello X’-D

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    1. Cristina Bou
      10 agosto, 2019

      Sí, hay que saber cuando quedarse en la cama. Yo toda la vida estudiaba de noche: me ayudaban los sonidos (o la ausencia de ellos) de la ciudad de madrugada. Ahora, a la vejez, me gusta levantarme pronto. Pero cuando encuentro la idea, me rinde más la noche, ¿tiene algún sentido? Supongo que no, que es solo una contradicción más. Conclusión: escúchate cada día.

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  3. Pilar Navarro
    5 agosto, 2019

    ¡Ayyy Cris! Que ya te dije que eres muy mindful, de serie, y eso es genial. Suelo dar un mensaje parecido: escúchate para, cada día, hacer según seas. Por eso en mi libro enseño algunas técnicas conocidas para no posponer, por ejemplo el Pomodoro, al tiempo que digo que a mí no me sirve el trabajo por bloques. Hay a quién sí. Y que la “idea” puede llegar corriendo, caminando (a mi) o haciendo cualquier otra cosa que deje la mente libre. Solo hay que estar atento para que esa “idea” no pase volando y se escape, como decía Elizabeth Gilbert en una charla TED sobre creatividad. Yo puedo estar tres días sin escribir una línea pero eso no quiere decir que esté aplazando el escribir: el trabajo es interior. Vamos, que me identifico totalmente con tus palabras. Me manejo igual. Creo que para poder hacerlo hay que conocerse. Es decir, no ir a la deriva porque entonces te pierdes. No hay reglas universales mi sabia amiga. ¿Te he dicho ya que me ha encantado tu post?

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    1. Cristina Bou
      5 agosto, 2019

      ainnnn cuántas cosas bonitas. Me encanta lo que dices de no dejar que se vuele la idea (el móvil o un cuaderno siempre a mano). Y lo del trabajo interior, eso me hace sentir bien. Es cierto que muchas veces, cuando llevo un tiempo separada de las teclas, luego vuelvo con más fuerza. Parece que la única regla universal es que no hay reglas universales. Gracias por leer y comentar

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