No seas engreída: Por qué las mujeres minimizamos nuestro éxito (y por qué deberías dejar de hacerlo)

no seas engreída

No seas engreída: no reconozcas delante de los demás lo que vales, no digas “me lo merezco”, no presumas de tus éxitos, arrogante, ¿pero quién te crees que eres?, en realidad ha sido suerte, fíjate que no me lo esperaba, no, no me lo merezco, estoy agradecida a Dios, a la vida, a quién sea, pero a mí no, creída, engreída…

¿A alguien le suena?

Que alguien me explique por qué, en general, las mujeres nos infravaloramos de manera habitual y sistemática. Por qué nos da miedo reconocer nuestros éxitos, por qué solemos pensar que no nos lo merecemos, que no somos suficientemente buenas. O por qué nos da tanto miedo que, al decirlo en voz alta, alguien nos diga: engreída.

Os adelanto ya que no es mi caso.

Sé cómo suena esto en un mundo en que el peso cultural hace que lo correcto, lo esperable en una mujer sea la timidez y aun la inseguridad. Lo educado es ser humilde.

Y es verdad, hay que ser humilde. Pero también hay que saber valorarse. En esta vida ya nos dan suficientes empujones. Recibimos constante feedback de lo que hacemos mal, de nuestros errores.

 Ah. La culpabilidad, cosida en la cultura occidental. (Por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa)

Pero bueno, me estoy liando. Lo primero es poneros musiquita.

Esta canción (que no tengo ni idea si es famosa o no porque me la he encontrado en el Spotify), me ha parecido el reflejo de cómo nos sentimos (en ocasiones) muchas mujeres.  Dice: “No me quiero despertar y sentir insegura”  

Me gusta especialmente este fragmento:

Sometimes I’m shy and I’m anxious
Sometimes I’m down on my knees
Sometimes I try to embrace all my insecurities

So I won’t wear makeup on Thursday
‘Cause who I am is enough

And there are many things that I could change so slightly
But why would I succumb to something so unlike me?

I was always taught to just be myself
Don’t change for anyone

A veces soy tímida y ansiosa A veces caigo (rendida) de rodillas A veces intento abrazar todas mis inseguridades

Así que no me maquillaré el jueves Porque quien soy es suficiente

Y hay muchas cosas que podría cambiar ligeramente. Pero ¿por qué iba a sucumbir a algo que va tan poco conmigo?

Siempre me enseñaron a ser yo misma. No cambien por nadie

Leed el resto de la letra si no queréis que os castigue.

Por cierto, para las que estéis mirando de reojo la frase “I just want to feel beautiful”: se refiere a sentirse bien con ella misma, no a un ideal de belleza.

Ejemplitos de mujeres que no quieren ser engreídas y se pasan de largo.

Esta semana terminé una novela de una autora que ha escrito cuatro libros, y con la que de vez en cuando tengo el inmenso placer de hablar. Hace bastantes meses (por lo que igual esto que os voy a contar ha cambiado) durante una de esas conversaciones,  me dijo que no se consideraba una escritora. Que le venía grande la palabra.

Cuatro libros que tiene. Y además de los que se venden, de los que salen en periódicos, y la gente habla (bien). Espero que te reconozcas porque esto va para ti.

No seas engreída
¿En qué estabas pensando?

¿Por qué no reconocer que eres buena en lo que haces?  ¿Por qué no mostrar seguridad, por qué no felicitarte a ti misma por todo ( lo mucho) que has conseguido, solo llamándote por lo que la RAE dice que eres:

No seas engreída escritor

Por llamarte escritora, no quiere decir que consideres que mereces el Nobel, solo que la escritura forma parte de tu vida interior, de ti, y también de tu profesión. Y lo que voy a decir ya vale para cualquiera:

Reconocerte tus éxitos y sentirte bien por ello no te convierte en una engreída. Y eso es lo que nos han hecho creer en muchas ocasiones.

No presumas, no destaques, sonrójate. Cuanto te hagan un cumplido responde: “no, si no fue nada”, “si no es para tanto”.

 ¿Qué? ¿Te suenan estas respuestas?

En lugar de esto, reconoce lo profesional que eres, reconoce(te) el esfuerzo que te ha llevado a alcanzar tu meta. No importa si estamos hablando de una carrera (de running) o de tu carrera (profesional).

En muchos de los trabajos que he estado me he encontrado con mujeres que disimulan sus éxitos, porque es lo que les han enseñado a hacer. No quieren ser engreídas.

Pero pocos hombres hacen eso. Normalmente ellos hinchan el pecho (con razón), sonríen (con razón) y agradecen el cumplido: Gracias, fue duro, ha supuesto un esfuerzo pero lo he logrado.

Y no pasa nada.

Ojo, no estoy hablando de presumir o ser un arrogante empedernido.  

Otro ejemplo:

Hace mil años, un tweet de los que carga el diablo. Un grupo de escritoras llamándose así mismo “escribidoras”.  Intentaban encontrar una palabra que no fuera tan grande como “escritora”. Os hablo de gente que, en la mayoría de ocasiones, había publicado libros.

Re-escribo la idea: estaban intentando encontrar una palabra peyorativa para minimizar sus éxitos. Les daba miedo decir al viento: Sí, YO he logrado esto.

¿Por qué? Porque nos han enseñado que destacar es ser presumida, arrogante.

 No entiendo como pudiera ser así. Comprendo que puedas decir que todavía te queda por aprender, por mejorar. Yo suscribo cada letra. El oficio de escritor es duro.

Pero ya os vais a encontrar bastante gente que lo haga: no os infravaloréis vosotras también. ¿No veis todo lo que habéis conseguido?

 Y aun peor ¿no os dais cuenta de que sois un ejemplo para las niñas? Esas niñas, quizás vuestras hijas,  que leerán vuestras palabras y pensarán, sí, yo también puedo conseguirlo, yo voy a ser una autora, voy a dejar que el mundo lea lo que tengo que decir.

¿Que valores les transmitimos si les enseñamos a dudar de ellas mismas? ¿A hablar de sus éxitos con la boca pequeña?

No, niñas, mujeres:  gritadlo al mundo. Habladnos de vuestras victorias, que me atrevo a decir son las de todas. Revindicar vuestros éxitos.

“Dime tú que soy buena”

En Por qué el amor nos duele tanto, de Lucía Etxebarría, hay una frase que me encantó, y que voy a modificar un poco porque ella es un pelín más explicita:

Los artistas suelen ser fantásticos en la cama, porque están sedientos de reconocimiento, de aplausos.

Obviando la parte personal, ejem ejem, creo que tiene razón. Todos los que nos dedicamos o tenemos como hobbies las artes, en el fondo, en el muy fondo, por muy indies y underground y alternativos que nos creamos, todos buscamos un aplauso, un reconocimiento, un me encanta lo que haces.

Por eso mismo nos cuesta decir que creemos en lo que escribimos: esperamos que sean los demás los que lo digan. Necesitamos esa valoración externa.

Esto no es aplicable solo a escritores. Esto es un rasgo de ciertas personalidades.

Y sí, yo me incluyo.

Intento trabajarlo, creedme que sí, pero para mí es necesario tener un feedback en mi trabajo (cuando hago las cosas mal pero también cuando las hago bien), y me cuesta trabajar en ambientes que no están acostumbrados a darlo.

Mar de Invierno en Cadaqués
Otro ejemplo: una de las mejores sensaciones del mundo (para mí) es cuando alguien me dice “no he podido dejar de leer tu novela, me tenía enganchad@”.

¿Y por qué las mujeres se infravaloran?

Creo que hay una parte cultural. Nos han enseñado a confundir humildad con maquillar éxitos, con hablar mal de nosotras mismas. Fusionan humildad y autoestima. Lo correcto es decir no lo merezco.

Eso una. La otra es compararse con los pares.

A las personas nos gusta compararnos, pero en muchas ocasiones no lo hacemos con gente que está en nuestra misma situación, sino en otro nivel.

Qué bonita la diversidad

De ahí lo de las escribidoras, no se ven a la altura de Almudena Grandes.

Joder, ¿y quién sí?.

Pero no puedes comparte con la gente que está taaan por encima: debes mirar a los lados, y un escalón arriba.

Y esto ya sirve para lo que sea que hagas con tu vida. Tienes que aprender de los que van (un poco) por delante, y ayudarte de los que van a tu lado. Esto sirve desde el gimnasio hasta el trabajo.

Tampoco vale que solo te fijes en los que van por detrás, porque entonces no tienes retos para seguir aprendiendo.

La modestia no está entre mis virtudes

Y eso, en general es visto como un defecto. Y sí que lo es, pero que mi ego tenga una excelente salud, a parte de ser una cuestión de personalidad, también es una cuestión de decisión.

Yo elijo sentirme bien, elijo cada día ser fuerte. Cada. Día. Y, creédme, muchos resulta difícil. Muchos soy la inseguridad en persona. Os recuerdo que:

  • Me he cambiado recientemente de trabajo a un lugar donde solo hay cables y chips, ahora que ya estaba calentita y cómoda entre realidades virtuales.
  • Soy madre. Nadie te enseña a eso y tienes la sensación de cagarla todos los días
  • Soy escritora independiente, lo que quiere decir que todos los días sufro por no tener una “validación de la novela”, un premio o una editorial que me haya dicho: tú lo vales.  Afortunadamente, vuestro apoyo, vuestras palabras y, por qué no decirlo, vuestras opiniones en Goodreads y en Amazon son mi validación. Gracias por ello.

Os animo a abrazar vuestras inseguridades, pero también a reivindicar vuestro esfuerzo, vuestro éxito. A no ser siempre la que diga “no, si no es para tanto”.

 Eres madre, es para tanto. ¿Trabajas? Es para tanto. ¿Has hecho dos abdominales? Te mereces un puto monumento en la plaza mayor.

¿Escribes? Igual tienes problemas sin resolver… pero de eso hablamos otro día

2 comentarios

  1. […] en muchas ocasiones el autosabotaje tiene que ver con el síndrome del impostor, o simplemente la falta de autoestima. Algo así como “no voy a hacerlo bien, no soy lo suficientemente buena, no me lo […]

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  2. […] lo digo constantemente, disfrutemos del viaje, de las pequeñas cosas, reconozcámonos las pequeñas victorias y felicitémonos por ellas.  Algo os contaba en este post de diez puntos para ser […]

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