Mujeres que compran flores: la edad en que las mujeres abandonamos a nuestras amigas

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Me estoy leyendo este libro: Mujeres que compran flores de Vanessa Monfort, y la verdad, aunque no me lo he acabado, (prometo actualizar la entrada cuando lo termine) me está gustando tanto como me está haciendo pensar. (Actualización del 2/09/19, pues sí, me gustó)

Os pongo a Pastora, porque a mí me recuerda a unos días sin fin en Salou, a la época en que grababa CDS, a un concierto en el Matisse.

Mujeres que compran flores

Este libro trata, por encima de todo, de las mujeres y la amistad a los 40.

Os dejo la sinopsis para que veáis de qué os hablo

En un pequeño y céntrico barrio de la ciudad hay cinco mujeres que compran flores. Al principio ninguna lo hace para sí misma: una las compra para su amor secreto, otra para su despacho, la tercera para pintarlas, otra para sus clientas, la última… para un muerto. La última soy yo y ésta es mi historia. Después de la pérdida de su pareja, Marina se da cuenta de que está totalmente perdida: había ocupado el asiento del copiloto durante demasiado tiempo. Buscando empezar de cero acepta un trabajo provisional en una curiosa floristería llamada El Jardín del Ángel. Allí conocerá a otras mujeres muy diferentes entre sí, pero que, como ella, se encuentran en una encrucijada vital con respecto a su trabajo, sus amantes, sus deseos o su familia. De la relación entre ellas y Olivia, la excéntrica y sabia dueña del local, surgirá una estrecha amistad de la que dependerá el nuevo rumbo que tomarán sus vidas.

Qué es lo que me está gustando de “Mujeres que compran flores”.

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Foto casual para nada preparada

La manera en que narra la amistad entre mujeres muy diferentes, siendo esto un pleonasmo. “¿Un qué?”, ya os oigo decir a la pantalla.

Dos palabras redundantes, pequeños padawan, como por ejemplo: “salir afuera, subir arriba, lo vi con mis propios ojos (Menos mal que no lo viste con los de otro)”.

Decía, “mujeres muy diferentes”, es un pleonasmo, en el sentido de que todas lo somos, en especial a partir de los 30. ¿Por qué en esta edad?

Porque es la edad de la montaña rusa. Lo siento, amiga, en el momento en que se te cae el dos de delante has comprado el tique de la noria.

Es la edad en que algunas trabajan duro y ascienden, otras buscan desesperadamente ser madres, otras lo son, algunas deciden quedarse a cuidar a sus hijos, otras batallan contra la inexistente conciliación, otras luchan por triunfar en sus trabajos, otras se divorcian…

Pero si hay algo que caracteriza la década de los treinta es que es, sobre todo, la edad en que las mujeres abandonamos a nuestras amigas.

La edad en que las mujeres abandonamos a nuestras amigas

De los 30 a los 40 es la edad en la que las mujeres nos separamos (un poco) de nuestro grupo de amigas. Excusas, las que quieras: hijos, trabajo, falta de tiempo. O mejor, tiempo dedicado a otra cosa.

Unas quieren escalar en sus puestos, asumen responsabilidad, tienen trabajos que les obligan a dar horas extras. Otras se encuentran en plena crianza, quizás hayan dejado sus trabajos o bien estén a leche partida con la utopía de conciliación, que se siente más o menos así:

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No estoy para nada estresada

Es una época de remordimientos, en su mayoría de casos, y de la sensación de ahogo por no llegar.

Los remordimientos, esos cristales de vaso roto: pinchan, duelen, y no hay forma de barrerlos: hagas lo que hagas siempre aparecen más.

¿Por qué? Porque en realidad es imposible llegar a trabajar, ser madre, amiga, amante, dedicar tiempo al deporte, pero también a tus hobbies, más las tareas del hogar. No digamos cuando además unimos el cuidado de nuestros padres, que empiezan a necesitarnos como nosotros los necesitábamos a ellos, en los años en que teníamos que alzar la vista para ver su sonrisa.

La renaissance

No es suficiente con eso: además, es una época en que nos redescubrimos, aprendemos a conocernos y nos reinventamos.

Además, enfrentamos grandes decisiones: seguir, continuar, romper, cambiar, afrontar rutinas o soltar la cuerda, abandonar el trabajo o redoblar esfuerzo, embarazos, hijos pequeños, ascensos. Y vuelta a empezar.

Es también la época en que a pesar de abandonar a nuestras amigas, las echamos más que nunca de menos.

Como a Cassandra en “Mujeres que compran flores”, nos han dicho que tenemos que ser Superwoman, y muchas nos lo hemos creído.

Pero en realidad, como ya decía la gran Cindy Lauper, Girls just wanna have fun.

Sindrome de Yo puedo, yo puedo sola.

No, ni puedes ni hace falta que lo hagas tú todo sola. Busca ayuda, apoyo. Busca a tu familia, a tus amigas, a tus compañeros. Y desde luego, si la tienes, a tu pareja.

Por eso abandonamos a nuestras amigas. Cortamos por el pedazo más fácil: aparcamos a las amigas, porque ellas están ahí (siempre) y nos perdonarán. Ellas lo entenderán. Porque al fin y al cabo ellas lo viven igual.

Bueno, quizás estén igual pero la amistad también se cuida y se riega, aunque es distinta del amor en que es menos tropical y más tipo cactus: una vez agarra es raro que se muera. Quizás se mustie un poco, pero con un poco de cariño y atención vuelve a revivir.

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Mi taza favorita

Vaya, como se nota que me está gustando el libro, que ya pongo ejemplos de plantas, a mí, que se me mueren todas.

Mujeres que compran flores y Mar de Invierno en Cadaqués

Os decía que me está encantando este libro por dos cosas: la idea de superación de todas las protagonistas, de seguir adelante y encontrarse así mismas; y porque me recuerda a una versión exagerada y polarizada de lo que podrían ser mis amigas.

Las escenas de amistad alrededor de una mesa, las conversaciones llenas de humor y sinceridad, de sentimientos abiertos. Porque las mujeres ponemos en palabras eso que nos anuda la tripa, nos pincha en el corazón o nos moja las piernas.

Y claro, inevitable para mí es hacer un paralelismo con Mar de Invierno en Cadaqués, que, para los que no lo habéis leído, se centra por una parte en esta misma superación de los personajes respecto a su pasado, y por otra, en la amistad de tres mujeres distintas como las de Vanessa, Zoe, Daniela y Montse, a las que une también un lugar físico: en este caso no una floristería sino Cadaqués.

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Os juro que tengo más suéters

En ambos libros veo esas mujeres frágiles en ocasiones, atrapadas por sus vivencias, pero que día a día intentan recuperar el control. Y para ello se apoyan las unas en las otras.

Un último consejo

No quiero alargarme más sobre los tipos de amigas, ni por qué deberías levantar el teléfono y llamarlas, al igual que a tu madre.

Pero, si voy a dejarte un consejo. En realidad es uno que ya di en este post del blog de Pilar G. Cortés que me quedó la mar de chulo y que se llama : 7 canciones feelgood y una chicklit desesperada

El consejo es: búscate amigas que te miren de frente a la cara y te digan si tienes pelos en el bigote.

Esto es muy importante. De hecho, te insto a hacer esta prueba. Te aseguro que muchas de las que se dicen amigas tuyas no lo van a pasar. Y eso puede ser porque:

A) no son tan amigas

B) son amigas pero les da miedo herirte.

Para aquellas del segundo tipo: no temáis herir. Es mejor la sinceridad, cuando solo busca el bien del otro.

Mirad, yo, con esto de la bajada hormonal, me sale un pelo negro en un lunar de la barbilla. Os lo juro. Como una bruja.

El otro dia (historia cierta) me fui a una reunión con una representante del gobierno regional y mucha más gente de esa importante, y cuando volví a casa se me ocurre mirarme en el espejo ese superior del coche (que lo carga el diablo) y ahí estaba: un pelo negro, enorme, gordo.

Creedme, yo hubiese necesitado una amiga sincera ese día.

Cosas que les digo a mis amigas

Aunque no son todas las que están, porque, así a bote pronto, se me ocurren muchas más, he hecho una pequeñísima selección de algunos posts que les he dedicado en Instagram y Facebook. Si me seguís en las redes, pues ya os podéis ir a tomar café con vuestras amigas; o bien los volvéis a leer todas juntas, que me quedaron muy bonitos.

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Debe ser uno de los mejores regalos que he tenido. Tiene todo lo que me gusta, todo lo que me mueve. Y lo mejor, es lo que no se ve: quién me lo dio. Mi amiga Ale. Una de esas personas que la vida decidió ponerme en frente (literalmente, porque eramos vecinas). Entedme, no es que yo tenga problemas para conocer gente. Gente con la que te ríes, con las que salir, y hablar mal del ingeniero cuando estamos en guerra fría. Pero, a 11000 km de casa, encontrar una amiga de verdad, una de esas que sientes que le puedes contar todo,ah, eso  no es tan fácil cuando el 2 de delante se te cayó por un 3. Mis amigas, las de siempre (ya sabéis quienes sois), con ellas me une el lazo del tiempo, de años de experiencias vividas juntas; por diferente que seamos, estamos atadas. Es lo que hay, me tenéis que querer como yo os quiero.  Los nuevos amigos son los difíciles, los que te pillan ya un tanto menos ilusa . Los que no te verán crecer, porque eso ya ocurrió en otras décadas. A no ser que hablemos a lo ancho. Dicen que los amigos de la infancia son los que más nos influyen. Pero los que vienen en la madurez, los que te conocen con arrugas, con estreses, con hijos a los que atender que te roban el tiempo que antes le dedicabas a las amigas. Aquellas a las que olvidas llamar, porque tienes mil cosas más que hacer, más responsabilidades, y también porque te has vuelto más egoísta. Yo, mis circunstancias (trabajo familia) y ya si eso luego tomamos un café el año que viene. Tus amigas de siempre te quieren, y te aguantan, porque os une el hilo de los recuerdos. Pero ella, esa amiga que llega nueva, cuando más lo necesitas, o cuando más lo necesita ella, quién sabe, ella es especial. Alguien que te hace sentir como en casa, alguien con quien poder enfadarte y reírte y pensar menuda loca, pero cómo la quiero. Gente que te enseña  lo que es la amistad a los casi 40, bueno, no creo que haya mucha. Pero yo me he encontrado con una (con varias en realidad, pero de ellas otro día). Gracias @aledi_cas por ser mi cheerleader, por llegar cuando te necesito aunque no te haya llamado, por estar un poco loca, porque tu apoyo es el empujón, la ostia, o el beso que necesito.

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2 comentarios

  1. Pilar G. Cortés
    30 agosto, 2019

    Cuánta razón tienes, Cris. Hay que cuidar a las amigas porque es verdad que en la década de los treinta las cosas cambian y puedes perder a algunas por el camino. Pero a mí me pasó que volví a hacer amigas gracias a ser madre. A fuerza de vernos las mismas en el parque, o en el cole, y quedar para que jugaran nuestras criaturas, he encontrado a verdaderas amigas. De esas que te dicen si tienes un pelo la nariz.

    Y gracias por enlazar mi blog (ha sido una sorpresa), ese post te quedó soberbio. Como (casi) todo lo que escribes. (Lo siento, pero dudo que tu lista de la compra sea candidata al Nobel).

    Por cierto, yo me leí Mujeres que compran flores en un momento muy delicado de mi vida (ingresada en el hospital), y me encantó. Puntualizo lo del momento porque es importante, no estaba para lecturas, sin embargo este libro me enganchó.

    Un besazo,

    Pilar.

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    1. Cristina Bou
      31 agosto, 2019

      Mi lista de la compra, de entrada, no existe: soy de esas que van sin nada apuntado y luego vuelvo con mil cosas menos lo que de verdad necesitaba. Sí, el momento en que leemos algo condiciona lo que leemos, quizás también es lo que me está pasando a mí. Es un libro fácil, pero entre tanta fruslería tiene sentencias de vida, frases como puños sobre ser mujer. Tu blog se merece ser enlazado siempre bomboncete. Cuídate y gracias por comentar

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