Mar y los musicales o la patada que me hizo coger impulso y escribir

Las luces apagadas, la sala rebosante de silencio. Ni un crujido de palomitas, ni un sorbo de refresco.

Solo Emma Stone, gigante, de lo maravillosa, inundando la pantalla, hablándome a mí, ínfima mortal. Mirándome y diciéndome, mientras las lágrimas se asoman a sus ojos ligeramente saltones, mientras con los puños estira las mangas del suéter como hago yo cuando quiero coger fuerza, cuando pido impulso, ella me mira y me canta lo que siempre había querido escuchar:

Here’s to the ones who dream                Brindo por los que sueñan,

Foolish as they may seem             Por estúpidos que parezcan,

Here’s to the hearts that ache        Brindo por los corazones que sufren,

Here’s to the mess we make        Brindo por el desastre que hacemos

She told me:                    Ella me dijo

“A bit of madness is key          “Un poco de locura es la clave,

To give us new colors to see           Para ofrecernos nuevos colores que ver

Who knows where it will lead us?       ¿Quién sabe a dónde nos llevará (la locura)?

And that’s why they need us”          Y por eso nos necesitan”

So bring on the rebels                    Así que vivan los rebeldes,

The ripples from pebbles                     las ondas que hacen las piedras

The painters, and poets, and plays       los pintores, poetas y obras (de teatro).

 

 

Y a mí, ínfima mortal, solo me queda que asentir, coger aire, secar las lágrimas que se deslizan sin pudor por la mejilla, y mirar a mi sobrina Mar, de once años, que sonríe a mi lado, atrapada también en la historia.

 

Las ondas que hacen las piedras. Los desajustes, las variaciones, las irregularidades que rompen el espejo frío y seguro, tranquilo y aburrido de los lagos, las rutinas.

¿Se puede decir más con una frase?

 

Manual para que te guste La La Land.

 

Cuando vivía en España todas las navidades pasaba una tarde con mis sobrinos, y nos íbamos a ver marionetas, al teatro, o, sobre todo, al cine.

Lo sé, lo sé, no es como para darme el premio a la mejor tía del año. Ahora me doy cuenta, que nunca les dije a mis hermanos de quedármelos para que ellos salieran, o para que pudieran respirar. Ahora lo veo. Entonces ni se me ocurrió pensarlo. Lo siento, pero si os sirve de consuelo, el karma me la devolvió haciéndome criar sola en Chile.

 

El Karma siempre gana

 

.

En las Navidades del 2016 estuvimos de vacaciones a Valencia (os recuerdo que ahora vivo en Chile), y retomamos la tradición.

Mi sobrina mayor, aquella que este año cumplió 15 (y entonces solo tenía 13) no pudo acompañarnos. Nos llevamos a Oscar, mi sobrino pequeño, que se metió a ver una de “chicos” con mi parte contratante.

Y Mar, de 11 años, y yo, entramos a ver La La Land.

 

Tenéis que saber antes de seguir leyendo que me encantan los musicales.

Creo que no he visto uno que no me haya gustado. Cómo podría ser de otra forma, si la mayoría son historias feelgood, con positivismo, ganas de vivir y humor. Y para colmo, casi siempre hay una mujer protagonista.

Además, por supuesto de la música, que por sí solo ya es un motivo para que yo adore algo.

 

Para que te guste La la land , un musical romántico, tienes que cumplir dos condiciones, que parecen de Perogrullo pero no lo son tanto:

1) Que te gusten los musicales.

Es una película muyyyy de musical. Vamos, que están hablando, y se ponen a cantar, y a bailar. Incluso, en un momento de inspiración del guionista cuya única explicación posible tiene que ver con comer rebollones en mal estado, a propósito o no, los protagonistas salen volando.

Sí, sí, como en Grease, pero sin coche, mientras bailan. No me preguntéis más.

 

 

 

2) Que te gusten las películas de SENTIMIENTOS.

Porque La la land no habla solo de amor, sino de sentimientos de los que aprietan el corazón con un puño de clavos, y que todos hemos sufrido alguna vez.

El fracaso, la frustración, el abandono de los sueños, o la persecución de ellos. La decepción. La lucha por adaptarse a la sociedad, a lo que la gente espera “cuando te haces mayor”, y al mismo tiempo la pelea por la autenticidad, por seguir siendo uno mismo, por arañar tus sueños, tu esencia, y apostarlo todo. Aunque salga mal. Porque muchas veces sale mal.

Y para esto, hablan, hablan, cantan, hablan. Fue una de mis mayores preocupaciones, ver si mi sobrina Mar se estaba durmiendo ante tanta intensidad emocional.

Pero no, aunque a ratos le pareció lenta (a mí también), en general le gustó. Y es que mi sobrina, que ya no tiene 11 sino 13, siempre ha sido especial. Un pequeño tesoro de sentimientos.

 

La patada que me dio impulso

 

Llegada la escena de Emma Stone después de no se cuantísimos minutos, (os recuerdo que ganó el Oscar a la mejor actriz),  y de repente el resto de la película cobra sentido.

Cualquier fallo, cualquier minuto de más, cualquier persona volando (en serio, que me lo expliquen) se perdona.

 Cuando vi esta escena ya llevaba días pensando en comenzar a escribir en serio.

En cuanto volviera a Curicó mi hija comenzaría la guardería. Ante mí se abrían dos caminos:

  • Buscar un trabajo de media jornada más allá de las pocas horas que ya daba de profesora de inglés.
  • Seguir con esas clases y dedicarme a escribir.

 

Creo que ya sabéis qué elegí.

 

Escribí mi primera novela en cuatro meses. Después, unos cuantos más pasaron para revisión, y muchos otros para recibir noes de editoriales, hasta que decidí autopublicarla en Amazon.

De eso, este pasado domingo hicieron seis meses. (Por lo mismo este fin de semana estará de oferta tanto en papel como en ebook, no os la perdáis, más info en las redes el viernes).

 

Durante la canción de Mía decidí, (sí, justo en ese momento) que lo iba a hacer. Que iba a escribir, como siempre quise.  Que iba a ser una loca que soñara.

Here’s to the fools who dream

 

Salí del cine, enamorada (una vez más) de Ryan Gosling y de Emma Stone (especialmente el primero).

Salí del cine, convencida de que tenía que hacer lo que hago. Y en el minuto que empecé a teclear, aquel 8 de marzo del 17, en mi jardín, supe que, pasara lo que pasara, había acertado.

Aunque el corazón se me rompiera de recibir no tras no. Aunque compaginar un trabajo, la familia, las redes, ser persona, me haga, muchas veces hacer un desastre con todo.

 

She said she would do it again.

 

A mi lado, mi sobrina Mar, que entonces tenía once, y este viernes cumple 13.

Es lo que tiene ser emigrante, que tus sobrinos se hacen mayores sin pedirte permiso.

Mar, tú no lo supiste ese día, no sé por qué no te lo conté, porque estoy segura de que entre todos, tú lo hubieses entendido. Tú me hubieses animado. Me hubieses sonreído como me sonreíste cuando acabó la película, con tus ojos color almendra brillando, y me hubieses abrazado.

Ah, eso también se echa de menos. Los abrazos.

 

holograma futuro
Señores de Skype y demás Matrix, por favor, inventen pronto el teletacto.

 

Nunca olvidaré aquella mañana de cine a tu lado. Por todo lo que ha significado en mi vida, sí, pero sobre todo porque fue una mañana de enraizamiento. No se me ocurre otra forma de definirla.

Como si de mi corazón crecieran ramas, finas, fuertes, flexibles, y esas ramas te abrazaran, te enredaran y te acercaran a mí. Como si ese día, que ya no nos quita nadie, no importa lo que pase, si tú acabas recorriendo un camino que nos lleve lejos, porque así es la vida a veces, no importa lo que venga, ese día siempre existirá. Y esas ramas siempre estarán entrelazadas.

Una mañana donde descubrimos que a las dos nos encantaban los musicales, a las dos nos encanta Ryan Gosling (a quién no), y que el Jazz no era tan malo como pintaban.

Y no deja de ser una mágica casualidad, que en la canción durante la cual todo esto pasó, Emma Stone hable de una tía suya que vivía en el extranjero, que era artista, y que la invitaba a que probara un poco de  locura.

 

Feliz cumpleaños.

Bienvenida a la locura.

 

Y si quieres saber más, Mar fue la protagonista de uno de los cuentos que escribí tienes disponible para descargar gratis aquí : Mar Cercós, detective de libros: El caso del libro de Terciopelo

 

Y aquí el resto de la lista de Mi última obsesión

 

 

 

 

2 comentarios en “Mar y los musicales o la patada que me hizo coger impulso y escribir

    1. No me recuerdes lo de la sandía que me enciendo… Te falta una cosa en la lista ¿no crees? Tic Tac …¡Escribir! Sí, es lo bonito de las rss, encontrarse gente de la misma pasta, cuando crees que eso es casi imposible. Un beso y gracias por comentar

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