La desesperación del escritor independiente: el día que me hice feriante

Estamos desesperados por vender libros.

En un mercado tan repleto (me niego a usar la palabra saturado) de oferta como es el editorial, donde los autores independientes competimos con gigantes macroeditoriales que aglutinan veinte sellos distintos, nosotros, microempresarios, más aún cuando somos noveles, peleamos cualquier venta, y nos rompemos la cabeza intentando llegar a vosotros, los reyes, los únicos, dueños de nuestro corazón y futuro, nuestra razón de ser: los lectores.

De ahí nuestra constante presencia en las redes. De ahí nuestros blogs, nuestras newsletter ofreciendo cestas de fruta y jerseys tejidos a mano gratis; algo original, algo manido, lo que sea, todo porque os acerquéis un poquito y olisquéis nuestra novela, a ver si os gusta.

Y entonces un día me levanto y digo, pues me voy a hacer feriante.

Dentro música de mercadillo. Vaya, no encuentro nada por “organillo y cabra”.  Bueno, pondré a Chambao.

¡Acérquese señora y compruebe el género!

Desde siempre me han fascinado los mercadillos. Será porque desde pequeña iba con mi madre al del Cabañal (jueves por la mañana, por si andas por Valencia, no te lo pierdas)

Un sitio donde se mezclan gritos de a euro las bragas, estampitas de santos, vestidos para perros, cacerolas y bolsos de Guchi o de Luis Buitón, es por definición un sitio estupendo para escritores. Lleno de olores, de inspiración, de situaciones subrealistas, de contacto humano.

mercado del cabañal
Lo del contacto humano especialmente, ojo con la cartera.

Era un martes, y mientras le daba la cena a mi hija pensaba qué hacer con los libros que me quedan de la tirada que imprimí para la presentación de Mar de Invierno en Cadaqués.

En concreto, con los 18 ejemplares en papel que me faltan para alcanzar el objetivo que me marqué para este año. (Si me quieres ayudar solo tienes que contactarme si vives en Chile,  o pinchar aquí y resolver el regalo del amigo invisible tres semanas antes, no me dirás que no miro por tu gestión del tiempo).

Tú que estás leyendo esto, y que has estudiado, estás murmurando:

¿Y no has pensado en, no sé, una librería?

Esto pa’ ti, chica lista

Como escritora independiente que soy las librerías no me lo ponen fácil. Aún estoy esperando que me contesten la propuesta que les hice a una de las que están aquí en Curicó. En fin, tendrán mucho trabajo, no pasa nada aquí espero yo tranquila.

cristina bou esperando
No hay prisa, no os apuréis.

Consideraba las opciones, cuando  se me ocurrió (me encanta el rollito thinking out of the box), que no tenía que enfocarme en los canales de venta sino en quién me iba a comprar. Lo que en marketing se empeñan en llamar buyer persona y que es tan sencillo como decir tu perfil de comprador/cliente.

O sea, tú.

¡Hola!

Mi lector eres tú, ¿cómo estás? Te tengo fichado, fichada, en concreto. Y sé que te gustan las ferias, las pulseras, la artesanía, pasear al sol. Sí, todo eso sé de ti. Y muchas más cosas. Pero quedan entre tú y yo, no te preocupes que no se lo voy a contar a nadie.

(Si no te gustan esas cosas te puedes quedar igual, que siempre podemos encontrar puntos en común, como el café.)

O la sandía.
 O la sandía.

Pensaba entre bocado y bocado de mi hija, que lo que más me gustaría sería ver mis libros en los escaparates de las librerías, o en la mesa del centro, o en un rincón de la estantería más escondida que tengan.

Luego me di cuenta de que estaba equivocada.

En realidad, el sitio donde más me gusta ver mi libro es solo uno: en tus manos.

Mar de Invierno en Cadaqués
 Gracias @inmatercero por la foto (instagram)

Y si quiero que eso pase más a menudo, tengo que hacértelo llegar.

Así que me dije, voy a buscarte allá donde estés. Y se me ocurrió que eso podía ser la Ecoferia de Curicó, una feria mensual que ponen en al ladito de la Plaza de Armas, llena de artesanos que hacen cosas preciosas y muy originales. Nada de las típicas baratijas compradas al por mayor en China.

humor amarillo
Que conste que no tengo nada en contra de China, un país que nos ha dado el mejor programa que pasó por Telecinco en los 90: Humor Amarillo.****

Los de la feria debieron alucinar conmigo, porque eran todos artesanos menos yo. Aunque en realidad, siendo como soy autopublicada, se podría decir que es una especie de artesanía. Al fin y al cabo, lo he hecho yo todo, menos la foto que se la pedí prestada a @elkeliona

¡Feelgood de primera calidad, oiga, no encoje en la secadora ni se destiñe!

La feria en sí fue muy divertida. Allí que llegue yo con mi mesa, sin saber qué tenía que hacer. Monté mi ministand en un segundo, y me quedé detrás de mi sillita, intentando no dar mucha pena. Menos mal que mis compañeras eran un encanto y me dieron conversación.

desesperación

Aunque tampoco es que tuviera mucho tiempo para charlar de la vida y de lo caro que están los tomates este año, porque, aunque estaba con mi disfraz de Batman (el de escritora), mi vida de Bruce Wayne me esperaba.

La desesperación de no poder solo escribir

Saqué mi portátil y me puse a trabajar. Esta es la vida del escritor independiente, y de ahí otra parte de nuestra desesperación. La inmensa mayoría no podemos dedicarnos únicamente a escribir. Casi todos los escritores (independientes o no) tenemos otros trabajos de persona normal. Otra vida que nos roba el tiempo, y a la que tenemos que rendirnos, si queremos pagar facturas a final de mes.  

Debí ser la antipática de la feria, porque mientras todos los feriantes andaban por ahí saludándose, y algunos de ellos fumando ciertas cosas, yo estaba tras mi mini stand trabajando con mi ordenador (lo bueno y lo malo del teletrabajo).

Cristina Bou

Aun así, me lo pasé muy bien, conocí a mucha gente interesantísima, todos de muy buena onda, que dicen los chilenos.

Disfruté de  charlar cara a cara con la gente que se paró a  comentarme lo que les parecía el libro, la sinopsis, la portada.

Además, muchos amigos se acercaron a saludar, y eso me encantó. Me sentía como en mi cumpleaños. Eso sí, nadie me trajo café ni sandía, a pesar de que dije que había descuento por lo primero y libro gratis por lo segundo.

Repartí muchos marcapáginas con mis redes sociales, me hicieron tres propuestas de charlas, y en términos de ventas, fue mejor de lo que yo esperaba.

Maldito cambio de tiempo.

Por acabar la historia, la tarde de ese mismo viernes, me visitó Murphy y me resfrió el blog, con un virus de esos de 48 horas. El doctor/ informático me costó todo lo que había ganado tras tres días de feria.

Qué le voy a hacer. Luego digo que soy una chica con suerte.

Cada minuto valió la pena. En diciembre, si puedo, repito. Que todavía ando desesperada por vender.

 

**** MC Latorre me ha hecho notar amablemente y en privado, para no dejarme en ridículo, que Humor Amarillo era un programa japonés, no chino. Mis disculpas al país del Sol Naciente por semejante muestra de incultura. En agradecimiento, os dejo un link a Black Star Army, de @gaiatempesta, para que después de tanta tontería de post leáis algo bueno de verdad.

¿Y vosotros, qué es lo más raro que habéis hecho para vender algo?

7 comentarios en “La desesperación del escritor independiente: el día que me hice feriante

    1. No creo que la palabra sea valiente… Lo del humor sí que te lo compro, ¡Qué nos queda sin eso! Te digo que de esta me abro una parada en el Cabanyal. Un beso y gracias por comentar

  1. Me ha encantado el post Cristina, me he reído mucho 😀 Aquí en mi pueblo también hay mucho mercadillo con mucho «calor humano». La verdad es que lo de la paradita también lo he pensado yo alguna vez, incluso lo de ponerme una mesita, así como la que te pusiste tú, para Sant Jordi, pero nunca acabo de animarme. Después de leer tu experiencia me he animado un poco más 🙂 Lo del viruji fue una escabechina global horrible que nos tocó a muchos y nos fastidió el fin de semana, y me alegro de que pudieras resolverlo. ¡Un abrazo!

    1. ¡Muchas gracias MC! Pues nada, te animo a ponerte la mesita porque de verdad que es toda una experiencia… Lo del virus, en fin, esperemos que nos hayamos inmunizado. Gracias y mil gracias por explicarme que Humor amarillo era japonés, qué desastre de incultura por mi parte. Un beso y seguimos hablando/leyéndonos.

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