La balada del café triste: ¿Elegimos a quién amamos?

Balada del café triste

¿Por qué nos enamoramos?  O mejor, ¿de quién? ¿Es algo que ocurre, o que elegimos, aunque sea de manera inconsciente?

Oigamos juntos “Use somebody” porque al final, todos podemos buscar a alguien que se parezca a ti, y usarlo, y conformarnos.

El libro: Balada del Café triste

La balada del café triste, de la escritora Carson Mccullers, es una novela que, en sus escasas cien páginas, nos hace reflexionar sobre la soledad y las ganas de enamorarse. Sobre si en realidad queremos o queremos querer,  y elegimos enamorarnos cueste lo que cueste, aunque por el camino dejemos nuestra dignidad, nuestros principios o nuestra fortuna. Si acaso, como ella argumenta, el amante, que puede tener cualquier edad y condición, guarda su amor durante años, y luego lo vuelca en un objeto de su elección, ya sea una mascota, un juguete, un ideal o una pareja.

Todo ello ambientado en un pueblo sin nombre de algún punto de Estados Unidos, donde nunca pasa nada, y por ello, cualquier cosa es un acontecimiento.

La balada del café triste

Antes de seguir os dejo la sinopsis.

Os aviso, no la leáis en Wikipedia que te destripan medio libro.

En una vieja y ruinosa casona de un pueblo del sur estadounidense, vive Miss Amelia. Es una mujer rica, alta, desgarbada, solitaria, de fuerte carácter, que no le teme a ningún hombre ni situación. De ella, poco y nada saben los pobladores, solo que estuvo casada y su matrimonio duró diez días. En la casona en que vive, hace años hubo un café. Hacia esa época va el relato, al momento en que llega al pueblo un enano jorobado que se presenta frente a Miss Amelia diciendo que es su primo.

La autora

Os dejo este extracto de su biografía, escrito no por mí sino por Fernando Maremar, escritor y profesor de escritura creativa.

Lula Carson Smith (Columbus, Georgia; 19 de febrero de 1917 – Nyack, Nueva York; 29 de septiembre de 1967), conocida como Carson McCullers, fue una escritora estadounidense.

Su ficción explora el aislamiento espiritual de los inadaptados y marginados del Sur de los Estados Unidos de América. Se la considera una pionera del tratamiento de temas como el adulterio, la homosexualidad y el racismo.

En 1936 publicó una obra autobiográfica, Wunderkind, https://amzn.to/35XQrtD en la revista Story. Después, escribió El corazón es un cazador solitario   https://amzn.to/2GhOYFw y, en 1937, se casó con Reves McCullers, adoptando el apellido que mantuvo durante su carrera literaria.

En 1940 conoció a los hermanos Mann (Erika y Klaus) y al poeta inglés W. H. Auden. Tras divorciarse de Reeves, se muda con ellos a vivir a Brooklyn. En esa época se publicó Reflejos en un ojo dorado. https://amzn.to/35VYqqS

Realizó diversas estancias en la colonia de artistas de Yaddo, en Saratoga Springs, donde conoció a Katherine Anne Porter, con la que mantuvo una relación amorosa.

La enfermedad acechaba desde su infancia a la escritora y en 1941 sufrió un ataque cerebral que la dejó paralizada de un costado; sufriría dos más en 1947.

En 1945 volvió a casarse con Reeves. Los últimos años de su vida son de gran sufrimiento físico, con dolores constantes y un grado de invalidez considerable. No obstante, siguió con su actividad social e intelectual.

Tras varios ataques al corazón, sufrió un cáncer de mama. Murió en 1967 en el Hospital de Nyack en el Estado de Nueva York.

¿Eres amante o amado?

“El amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no significa que sea una experiencia similar para los dos partes. Hay el amante y el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no  es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante”.

Carson McCullers

¿Te lo has preguntado alguna vez? ¿Eres tú el que mueve la relación, el que ama, o bien te dejas amar? ¿Se puede ser ambas cosas?

¿O quizás de manera alternativa se juega ambos papeles en la relación, dependiendo del momento?

En la novela, McCullers  habla de que el único importante es el amante, porque es el motor y el que está lleno de cariño. El amado es un mero objeto, según Carson, reduciéndolo casi a un pelele. Yo diría que, sin decirlo abiertamente, ella prefiere estar en la primera categoría.

Reflexiono sobre mí misma. Yo he sido ambas. Pero en general, soy de las que aman, de aquellos que buscan y eligen sin saberlo o sabiéndolo el objeto de su amor.

Me he enamorado muchas veces de gente que no se ha enamorado de mí. Hubo un tiempo en que esto me producía vergüenza: ¿Se me notará? ¿Se habrá dado cuenta él o sus amigos? E intentaba disimular, que no se note, que no se note, sobre todo que no se note.

A Miss Amelia, la protagonista del libro, se le nota. Y hasta cierto punto, hay gente que se ríe de ella por esto. Pero a ella no le importa. Porque sus ganas de amar son más grandes, o bien porque está por encima de todos ellos. Con el tiempo, conseguí que a mí tampoco.

Una vez leí esta frase: Nunca te avergüences del amor. El amor no es ridículo (aunque hagamos el ridículo por amor). El amor  (en sus distintas clases) es lo único que nos salva de ser una especie animal totalmente despreciable.

Enamorarse, y que se te note. Ya os conté que los de La Casa de Papel estaban de acuerdo conmigo. Aunque la otra persona no sienta lo mismo. Amar a otro no es ridículo, amar a otro es un acto de valentía, porque supone entregarse, supone bajar la guardia, salir a la batalla sin escudo. Y claro, muchas veces terminas herido. Pero qué gloria la de la guerra.

Una vez me enamoré  y se me notó, aunque nunca llegó a nada. Escribí:

Es culpa tuya por no salir de mi mente y quedarte siempre como un fantasma que no existe, porque no eres tú, no eres tú, es otra cosa que yo me invento y que le pongo, a veces, tu cara. O tus manos. Pero la culpa es tuya. Y te diría déjame en paz pero la verdad es que no quiero, no quiero. No quiero que te vayas, quiero que te quedes,  más cerca, bien cerca, todo lo que se pueda . Pero no eres tú y yo lo sé, de verdad que sí. Perdona, es que me gusta fantasear, me pasa desde pequeña. Me enamoro de las sombras y ya si eso las pinto yo de colores.

Porque en realidad, nunca supe si me había enamorado de él o de lo que yo creía que era. De una construcción mental del hombre que yo quería ver detrás de aquellos gestos, de su risa agitadora de hombros, de ojos negros y  manos grandes. Supongo que nunca lo sabremos.

Si amas, ama con todo. Que se note. Si eres amado, piensa en tu fortuna. Quizás puedas jugar el otro papel también.

Por si quieres escuchar el resto de la playlist con Mi última obsesión o leer otras obsesiones literarias.

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