Hoy cumplo Treinta siete años

Cristina Bou cumplo 37

 

Hoy cumplo 37, y sigo siendo un desastre para muchas cosas. Se ve que lo mío no se cura con la edad.

No sé pintarme las uñas, siempre se me emborronan, porque no soy capaz de esperarme un minuto a qué se sequen. Me cuesta un mundo peinarme. De hecho, siempre cuento que mi pelo y yo tenemos un trato: yo le dejo en paz y a cambio, el día que tengo una entrevista o algo importante, él se comporta. Esto es cierto, aunque no me creáis.

Apilo los platos y las cacerolas y cierro la puerta del armario de golpe, para que no se caigan.

Y luego me quejo cuando se caen.

Rompo una media de un vaso cada catorce días.
Demasiadas veces mi hija de tres años me gana el pulso.

El autocontrol es una palabra ajena a mi vocabulario: no respondo si me pones un vino delante, o una bolsa llena de croissants de chocolate, o alguien me hace trampas en un juego, o, peor aún, un spoiler. Un duende negro se apodera de mí y pongo lo que entre los míos se conoce como “El tono”. Te aviso, no quieras oírlo.

Esto solo por poner algunos ejemplos.

Lo peor de todo, o lo mejor, es que me da igual. A mis cuarenta menos tres, he aprendido a vivir conmigo misma. Vaya, lo escribo y me sorprendo.

Pero es verdad. He aprendido a quererme con esa pila de defectos, pero también con, por qué no decirlo, algunas virtudes. Con muchas, qué coño.

La modestia no está entre ellas, como podéis ver.

Siempre he sido feliz, la verdad. Me refiero en actitud. Pero es que este año, estoy abrumada. Me siento desbordada de cosas buenas. Tanto que a veces me dan ganas de reír y correr, y otras de llorar. Es como una mezcla de nervios en la tripa, de ilusión, de ansiedad por lo que viene, de temor por no merecerlo, porque no salga bien. Y a la vez la esperanza y el convencimiento de que sí, sí que va a salir bien.

Casi como vivir en la mañana de Navidad.

Paso mis días corriendo entre las mil tareas que me impongo, porque me da la sensación que estoy en un sueño y que algún día despertaré a la cruda realidad.

Pero ya hace más de un año, y sigo soñando. Gracias a todos por estar ahí para acompañarme.

La foto es el fruto de los primeros 10 euros que he ganado por venta de libros. ¡Así que gracias por mi regalo!

1 comentario

  1. […] Me gustaba estar detrás de las faldas de mi madre, me daba vergüenza cantar, que me pintaran la cara, a veces incluso jugar con los demás niños al fútbol o a otras cosas, por miedo a hacerlo mal y que se metieran conmigo. Quién lo diría, viendo la (excesiva) salud de mi autoestima hoy en día. […]

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