El guardián entre el centeno o porqué los adolescentes son inaguantables.

El guardián entre el centeno

Yo fui una adolescente pesada. No diría inaguantable, pero tuve mis momentos.  ¿Y vosotros? No me engañéis ni os engañéis, que al final todos hemos pasado por ahí. Aún así, la adolescencia es una de esas etapas que marcan nuestra personalidad para siempre. Lo que vivimos en esos años, nos conforma, delimita nuestros miedos, nuestras inseguridades, también nuestras fortalezas. Y sobre todo, nuestro aprendizaje.

Playlist de mis años mozos

Todas las veces que he sido una imbécil

Cuando alguna vez rememoro todas las veces en mi vida que he sido una imbécil, muchas de las escenas que me vienen a la cabeza son de estos años. No es que fuera una adolescente problemática, yo siempre me he portado bien 🙂 .

Lo que sí, era muy intensa. Muy drama queen. Bueno, ya sabéis que eso lo sigo siendo. Recuerdo una época en que me abstraía del mundo y me iba a llorar a cualquier sitio: en el gimnasio del instituto, en un banco, en una parada de autobús, en el paseo de la playa y ¡ah! uno de mis favoritos: en el parque. Un poco lo mismo que le pasa a Holden Caufield, el protagonista de El guardián entre el centeno. , que deambula por Nueva York gastándo dinero, de taxi en taxi, sin saber bien qué hacer ni encontrar rumbo.

Muchas veces se me acercaba gente a preguntarme si podían ayudarme. Entre esas veces, recuerdo a una profesora que en realidad no me caía muy bien. Pues esta señora (que yo veía tan mayor y que debía tener mis cuarenta de ahora o incluso menos), salió del bar donde estaba tomándose un café y vino a ver qué me pasaba, y se quedó conmigo hasta que se aseguró de que no me había pasado nada grave. Desde ese día, mi idea de ella y el resto de los profesores cambió. ¿Y si resulta que además de profesores, eran personas?

Es curiosa la relación con los profesores en la adolescencia. Siempre hay alguno que admiras, incluso que puede convertirse en tu mentor (como pasa en la novela), y otros que odias con todas tus fuerzas. No son de medias tintas las pasiones de la adolescencia.

Lo que es la vida, luego fui yo la que estuvo dando clase a adolescentes hormonados, y ellos me devolvieron la fe en la humanidad.

Angustia vital en la adolescencia

Desde la distancia creo que lo que me pasaba se llama angustia vital. No me sentía importante para nadie. No sabía dónde encajaba. Y eso que en mi familia me trataban como a una reina, de verdad. Pero yo lo veía todo un poco gris. ¿Quién era esa de granos del espejo? ¿La niña insegura que tenía un miedo patológico a hacer el ridículo o la adolescente que le encantaba bailar en las discotecas?

Tened en cuenta que por aquel entonces ya me gustaba escribir y todos los escritores son unos raritos.  

Pero hay que entenderlos. A mi yo pasado repleta de granos, y a Holden Cauldfield, el protagonista de la novela que os cuento. La adolescencia es esa época donde tu cuerpo decide cambiar por él mismo, sin pedir tu opinión, tus hormonas están desbaratadas, y tienes que encajar todo eso con encontrar tu sitio en el mundo.

Bueno, eso es lo que tú crees, porque en realidad nadie te pide una auto-clasificación. Cuando nos volvemos jóvenes adultos, huimos de esas mismas clasificaciones. Queremos ser especiales y únicos. Pero con 17 te empeñas en incluirte en alguna categoría: hippies, pijos, intelectuales, anarquistas, populares… Lo que sea y lo que se diga ahora, que, como veis, mi vocabulario no es muy millenial. 

Es lo que se llama la pertenencia al grupo, y en esos momentos es crucial. Al protagonista de la novela, le pasa justo esto. No encuentra su sitio, no encaja con ninguno de los grupos porque en realidad no quiere encajar. La culpa de esto: el trauma de la muerte de su hermano.

Entonces, si consideramos todo esto, es normal todas las incoherencias de los adolescentes, todas las salidas de tono, todos los arrepentimientos. También los momentos en que el niño que sigue en ti y que hace nada acabas de abandonar se revele. Y tengas miedo y ganas de llorar. Se estaba mejor jugando.

Ahora juegas en otras ligas, casi todas tienen que ver con amor, sexo y amistad. ¡Tan importantes los amigos en esos momentos! Más que nada. Más casi que uno mismo. Si te tienes que humillar por ellos, si tienes que inmolar y odiarte, lo haces. En esa etapa lo que opinen de nosotros nuestros pares (nuestro grupo de referencia) es lo más importante. De ahí que me alegre que no existieran los jodidos likes en mi adolescencia.

Menos mal que eso se cura luego, porque la primera persona a la que hay que querer y ser fiel es uno mismo. 

Yo en busca de likes y postureo en Instagram con el libro.

Por fin, la sinopsis de El guardián entre el centeno.

Pues de todo esto va El guardián entre el centeno. Me ha gustado mucho a nivel personajes, porque, como ya sabía por Franny y Zoeey, Salinger es un maestro creándolos y definiéndolos con una o dos palabras. Mostrándonos sus incoherencias y su diálogo interno.

La historia en sí quizás a algunos les aburra, porque no es más que un adolescente perdido, con graves traumas por la muerte de su hermano, intentando encontrar su sitio.

Os dejo una sinopsis que he encontrado aquí y que me parece muy certera:

Holden Caulfield es el primer adolescente real de la literatura. El protagonista de ‘El guardián entre el centeno‘ es un chaval normal que vive en la Nueva york de postguerra, lleno de dudas y miedos, enfrentado a un fracaso escolar que le frustra, con unos deseos alejados de la realidad, mediocre y, por tanto, extremadamente especial en su normalidad. Un personaje que el tiempo ha convertido en un referente. En el espejo de millones de jóvenes que se sienten abrumados ante la visión de una edad adulta que les exige mucho y les ofrece más bien poco.


Y a pesar de todo esto, entre tú y yo, quién no ha soñado alguna vez con volver a los 17.

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