Días de catástrofes y sueños

Catástrofes y sueños Troyes

No sé vosotros, pero yo necesito limpiar el ambiente de catástrofes, dejar de hablar de  eso, me parece que todos nos merecemos un respiro, atraer los buenos sueños. Así que hoy voy a contaros una historia (real) y quizás al final del post os dé unos consejitos de los que no duelen, así, en plan moraleja.

Os dejo “Cosas que suenan a…” No os perdáis la letra, dice cosas como:

Porque de mucho más grandes hemos salido
Ven, cuando lleguen nos habremos ido
Donde las cosas que pasan se ahogan con un buen café

¿Cansados de hablar del Coronavirus?

Estáis cansados de que todo gire sobre el coronavirus, de leer consejos de gente que os dice cómo quedaros en casa encerrados y ser felices. Si tenéis hijos, seguramente os habéis descargado 500 guías para colorear, actividades deportivas para hacer en el salón y qué se yo.

Si no tenéis hijos, pensáis en aquel momento en que deseasteis estar en casa exactamente así, mantita y Netflix, y no entendéis porqué os aburrís, pero os aburrís, porque, al final, lo que vosotros queríais es elegir quedaros en casa y no que os obliguen.

Los ánimos van desde el histerismo postapocalíptico al aburrimiento supino, con toda la escala de grises en medio.  Por favor, dejadme que os apague los malos humores con algo que me pasó, un día de catástrofes y sueños.

La librería de Troyes

Os lo había dicho aquí pero por si acaso resumo: en el  2005 me fui a Francia con una beca llamada Eurodysee (una prima hermana de las Socrates y Erasmus), a hacer una estancia de prácticas en la Oficina de Turismo de Reims, región de Champagne (oh la la) .

Fueron 8 meses donde viví intensamente, pero no por lo que estáis pensando. Pillé una ola de frío de las que hacen historia, engordé 11 kilos a base de croissants y pain au chocolat, me enteré de cómo se hace el champagne de verdad con la suerte de probar algunos de los mejores del mundo, e incluso aprendí francés.

Conocí a mucha gente distinta, todos ellos me enseñaron algo, algunos a las malas.

A la mayoría les he perdido la pista, no he sido capaz de encontrarlos por las redes, aunque es cierto que tampoco me he matado a buscar. Veréis, en aquel entonces todavía chateábamos por Messenger, y, aunque oficialmente ya existía Facebook, ni yo ni muchos de los que estamos allí teníamos. Nos intercambiamos emails de Hotmail que ahora estarán en el olvido.

Pero a lo que iba.

Las amistades fuera de casa

Una de las amistades que sí conservo es Sara, quien se merece un libro por sí misma, y la que alguna vez menciono en algún post. Las amistades fuera de tu casa se viven de manera más intensa, porque ellos se convierten en tu familia, porque te cuidan y acompañan en todo momento. Cuando estás fuera de tu ambiente tienes/puedes reinventarte. Dejar atrás la timidez o volverte un ratón de biblioteca. Decidir que ahora te gusta el pop o el tecno, cuando en tu casa eres un heavy. Fuera todo se vive al tres mil por ciento; lo bueno es asombroso, lo malo es un pozo sin fondo.  

Por resumir: trabajábamos las dos en la oficina de turismo de Reims y estábamos todo el día juntas.

En un día libre que coincidimos nos fuimos a Troyes, un pueblecito que no estaba muy lejos y que es así de bonito. Os pondría fotos mías pero las tengo todas en España.

Aquel día era el  7 de julio del 2005. Creo que no me lee ningún británico, así que dudo mucho que esto os haya sonado a nada. Como mucho alguno habrá cantado San Fermín, a Pamplona hemos de ir…

Fue el día de los atentados de Londres en el metro.  56 muertos, 700 heridos. Y una guerra que no había terminado y que volvía a golpear Europa, un año después del 11M

Nosotras nos enteramos en un autobús de camino a aquella ciudad de cuento. Recuerdo los nervios in crescendo de los pasajeros, conforme se fue expandiendo la noticia. La radio que explicaba y que con mi limitado francés no entendía. Menos mal que Sara me fue traduciendo.

Familias y amigos llamaron preocupándose, a pesar de que nosotras estábamos en otro país. Os sonará: seguramente que habéis hablado con mucha gente estos días. Somos así, durante los días pasamos sumergidos en nuestra rutina, las cosas extraordinarias nos despiertan la memoria.

Catástrofes y sueños con Troyes de fondo

Es una ciudad llena de casas con entramado de madera, de colores, y que se conservan en muy buen estado. Si algún día vais por el Norte de Francia, no dejéis de visitarla.

El Tour de Francia acababa de pasar, y en las calles quedaban vallas, banderas, publicidades. Entre eso y el día, que lo recuerdo gris, aunque podría ser mentira, nos dio un poco la sensación de llegar tarde a una fiesta, cuando ya no queda nadie y ni siquiera eres bienvenido.

Sara y yo nos sentíamos un poco abrumadas, felices, y otra vez preocupadas, y otra vez maravilladas por la ciudad. Hablamos y hablamos. Una italiana y una española en Francia, hablando de política, del mundo, de cómo arreglar un conflicto que entonces estaba todos los días en la y que parecía que no tenía fin.

Y es que las guerras nunca se acaban, solo hibernan y luego nacen en otro sitio.

El sueño que vinimos a buscar

De repente nos encontramos en un bajo de estas casas maravillosas de madera, una librería. Que dicho así no suena especial, pero esperad que os lo explico.

La librería tenía las paredes encaladas,  un sofá con una mesa baja y sillones alrededor, estanterías de madera clara y una mesa central que parecían haber hecho con palés. Sara y yo nos dirigimos directamente a la sección de libros de segunda mano: las becas no dan para mucho.

La dueña estaba allí. No recuerdo su cara. No recuerdo cómo iba vestida. Solo que debía ser diez o quince años mayor que nosotras, es decir, toda una señora. Es decir, debía tener la edad que tengo yo ahora.

Sin embargo, recuerdo su voz. Era melodiosa y tranquila. No nos preguntó si nos podía ayudar con un libro. Nos dijo: ¿Queréis un té?

Entendedme, de un tiempo a esta parte es muy normal que en las librerías se sirvan café, vinos y hasta patatas bravas. Pero en aquel entonces en las librerías se vendían libros, no gintonics. Así que su ofrecimiento nos impactó a las dos.

La tetera estaba preparada. Nos sentamos con ella en el sofá. Creo que en la radio algún locutor hablaba de los atentados, pero esto igual me lo he inventado, porque los recuerdos a menudo son imaginación y yo de eso voy sobrada.  Ejemplo: me pasé años creyendo que de pequeña casi me ahogo en una piscina, hasta que un día lo conté en una comida familiar y casi les da un pasmo. Juran que nunca pasó.

Hablamos de los atentados, de la guerra, del no a la guerra, hablamos de la librería, que da lo justo pero me hace feliz.

Da lo justo pero me hace feliz. ¿Dijo ella esta frase o yo la recuerdo así?  Qué importa.

Ese té nos calentó el alma. Se nos había metido en los huesos un frío que no entendíamos pero que ahora sé tiene nombre: inquietud, incerteza, el qué pasará, el seré yo el siguiente.

Creo que ya entendéis de lo que hablo porque ahora lo estáis sintiendo. Seré yo, serán mis padres los siguientes.

La moraleja de catástrofes y sueños que os había prometido

No os digo que un té caliente en una librería os vaya a quitar este miedo, estos nervios, este agobio. Claro que no. Más que nada porque no podéis ir a Troyes.

Lo que os quería contar con esta historia se resume en:

  1. Habéis vivido otras situaciones de catástrofe, otras situaciones de incertidumbre. A todas habéis sobrevivido. Si no has sobrevivido y me estás leyendo me encantaría que me lo dejaras en comentarios, porque ahí hay una historia cojonuda.
  2. Conversar ayuda. Mucho. Hablad, pero también de otras cosas. Por ejemplo de libros. Por ejemplo, de los sueños de la persona con la que compartís casa. Si hubiese podido, ¿qué negocio, qué profesión hubiese elegido? Yo, montar una librería como la de Troyes. ¡Ah! Y recorrer la Cote d’Azur en un descapotable con mi amiga Sara. ¿No te olvides eh ? Lo tenemos pendiente.
  3. Lo que sentís es normal. Todo el mundo se siente así como vosotros. Sed valientes. Pasará.
  4. Incluso en días de catástrofe, pasan cosas buenas. Abrir los ojos a todo lo bueno que está pasando.
  5. Soñad despiertos, recordad. Yo, solo pienso en mi librería de Troyes.

Sé que son tiempos difíciles, y me encantaría que me contárais cómo lo estáis viviendo. O qué queríais ser de mayor. Yo princesa y periodista. Parece que se me adelantó la Letizia.

4 comentarios

  1. Rosa Alcaide Gil
    27 mayo, 2020

    Hola no tenia ni idea de tu existencia pero hoy el ayuntamiento de mi pueblo (Bejis) ha compartido la publicación de tu nuevo libro. Y he querido ver quien estaba ahí y lo que había escrito antes.
    Me ha encantado el post y es verdad necesitamos tener sueños bonitos y esperar nuevas oportunidades. Estos días cuesta mucho concentrarse a hacer cosas “normales”: leer, estudiar, ver película… Jeje y yo también me traslado a algún momento que se me quedo en mi mente en alguno de mis viajes; esos recuerdos de olores, risas, momentos con gente desconocida que entran a formar parte de tu historia… Me gusta soñar despierta y buscar las cosas buenas que ocurren también en estos días.Voy a leer tu nueva novela porque me ha picado la curiosidad que aparezca mi bonito pueblo. Mucha suerte y un Saludo desde Bejis

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    1. Cristina Bou
      31 mayo, 2020

      ¡Hola Rosa! Cómo me alegra que hayas llegado hasta aquí, y de que te haya gustado el post. ¡Ojalá te animes a quedarte!. En cuanto a la nueva novela El segundo de antes, espero de corazón que te traiga recuerdos de tu pueblo, al que guardo mucho cariño(aunque solo lo conozco de unos días).
      Un abrazo y cuídate, y por favor, cuéntame si te animas qué te ha parecido

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  2. Pilar Navarro
    23 marzo, 2020

    ¡Qué bonitooooo!

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    1. Cristina Bou
      23 marzo, 2020

      Gracias Pilar, días difíciles, pero llenos de oportunidades

      Responder

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