Construye la casa por el tejado

Mi última obsesión, “La casa por el tejado” de Fito y los Fitipaldis. Os invito a que escuchéis con infinita atención la letra, porque merece la pena.

(Para las otras dos canciones, aquí tenéis los post anteriores)

 

Empezar la casa por el tejado.

 

Esta miércoles tengo la presentación de Mar de Invierno en Cadaqués. Y diréis, ¿presentación, pero no lo publicaste hace tres meses?

Pues sí, pero es que ya me conocéis, casi siempre empiezo la casa por el tejado.

 

La gente que sabe de esto, y en general todas las teorías marketinianas dicen que, si quieres dedicarte a escribir, debes empezar por:

  1. Crear una audiencia (escribir en un blog, estar presente en las redes sociales),
  2. Comenzar la promoción de la novela unos meses antes de publicarla.
  3. Promocionarla el primer mes como si no hubiera mañana, porque, adivina qué, en el panorama editorial actual no hay mañana para tu novela; si no vendes el primer mes, te ponen detrás en la estantería, o te devuelven la caja de libros para que lo regales en Navidad.

Lo que hice yo:

  1. Terminar la novela y ponerla a la venta en Amazon.
  2. Comenzar un blog y abrirme cuenta en redes sociales.
  3. Promocionarla. Más o menos y como pude.

Es que soy así, que le voy a hacer; tiene mucho que ver con lo de ser una “ansias”, yo lo quiero siempre todo ya. Por eso en muchas ocasiones me lanzo, a lo que sea, y luego pregunto.

Total, que ahí estoy, haciendo un lanzamiento de novela 3 meses después.

 

¿Perdona, esto a mí me interesa para algo?

 

Claaroooo. Hoy vamos a hablar del miedo a lo desconocido y la maravillosa sensación de lanzarse de cabeza. Empezar algo nuevo, como sea, aunque sea por el tejado.

El miércoles que viene, dos días después que publique esto, tengo la presentación. ¿Estoy nerviosa? No, estoy emocionada. (Simon Sinek te cuenta la diferencia mejor que yo)

¿Por qué nos da miedo hacer cosas nuevas?

Como tantas cosas, lo que nos da miedo no es hacer algo nuevo en sí, sino el posible fracaso. Tenemos miedo a no ser aceptados por los demás, a hacer el ridículo.

 

El colegio poco me enseñó.

Hubo un tiempo que lo sentía a cada paso. La vergüenza o el miedo a hacer el ridículo. Yo era una niña muy vergonzosa, muy sensible, todo me afectaba, por todo lloraba.

Me gustaba estar detrás de las faldas de mi madre, me daba vergüenza cantar, que me pintaran la cara, a veces incluso jugar con los demás niños al fútbol o a otras cosas, por miedo a hacerlo mal y que se metieran conmigo. Quién lo diría, viendo la (excesiva) salud de mi autoestima hoy en día.

No puedo deciros que hubiera un punto de inflexión, un acontecimiento que cambiara todo. Fue más bien una evolución que me hizo perder esa capa de timidez, la cual, en la mayoría de los casos, no deja de ser una forma de coraza. Si nadie la traspasa, nadie puede herirte.

Y al final, salí yo.

Raro, no digo diferente digo raro.

De alguna manera esa infancia tímida, además de favorecer que me encantara leer y escribir, imprimió una huella extraña, distinta, rara, a mi personalidad. Llena de contradicciones: tiemblo solo con la idea de que me graben en vídeo, pero no tengo ningún miedo escénico; me importa lo que opinen los demás, y a la vez hago siempre lo que me da la gana; soy una exhibicionista para algunas cosas, y celosa de mis momentos para otras.

Perder el miedo a quedar como una idiota.

En algún momento se me cayó, el miedo. No lo oí golpear el suelo, pero si lo hubiera hecho, no me hubiese dado la vuelta para recogerlo: me siento más ligera sin él en los bolsillos.

Ahora intento atreverme y lanzarme a hacer aquello que me da miedo, o cosas que nunca he hecho. A veces lo consigo; otras no.

Por ejemplo: no me gusta mucho conducir, pero intento obligarme de vez en cuando a conducir a sitios a los que nunca haya ido, para probarme a mí misma. Me pongo nerviosa, pero cuando lo hago, me siento bien. Creo que, como dice Fito, me cose un poco el alma rota.

Empezar por el tejado es mejor que no empezar.

 

Si no me hubiese decidido a lanzar la novela, quizás hoy no estuviera aquí. Durante muchos años no publiqué nada de lo que escribía, porque no sabía, porque no era perfecto, porque a quién le podría interesar, porque no era lo suficientemente bueno.

Alguien me dijo hace poco “hecho es mejor que inacabado”.

Llega un momento que hay que lanzarse. Si no, te estancas. Es muy difícil encontrar el momento perfecto para hacer algo nuevo, para convertir tu pasión en diseño de interiores en un negocio extra, para cambiar de trabajo, para tener otro hijo, para lanzar la novela. Siempre te van a asaltar miedos e inconvenientes.

Construye por el tejado. Aunque no tengas ese máster, aunque todavía estés aprendiendo. Empieza, continua, trabaja.

¿Y si se derrumba la casa?

Pues comienzas de nuevo. Pero posiblemente esta vez ya sepas hacer los cimientos, o por los menos las paredes. Habrás aprendido durante todo el proceso.

Thomas Edison

Te animo a que te lances y construyas la casa por el tejado. Excepto si eres arquitecto, claro.

5 comentarios en “Construye la casa por el tejado

  1. Nuestro cerebro es un bicho excéntrico que se empeña en protegernos de lo desconocido por si nos pasa algo malo. Nos susurra todo el tiempo: “eh, para qué hacer algo nuevo si nos ha ido bien hasta ahora, no ha estado tan mal, estamos seguros y calentitos”. Cada vez somos más los que no le hacemos demasiado caso. Igual nos están echando algo en el agua… ?

    1. “Nos están echando algo al agua” jajajja. Pues no lo sé, pero me alegro bastante, sobre todo por la posibilidad de conocer a gente como tú. ¡A por todas!

  2. El miedo al cambio es intrínseco a las personas, nos gusta lo conocido, lo “seguro” y aunque casi siempre la gente dice que no, la rutina. Saber que si hago algo la consecuencia está dentro de lo esperable. Esto se acentúa cuanto más mayor te haces, perdemos la frescura, las ganas de probar y nos hacemos predecibles y aburridos. Es como cuando te emocionaba saltar de un trampolín a una piscina, emoción y alegría, cuando te haces mayor, empiezas a pensar en todo los posibles riesgos que tiene esa actividad y al final, ya no lo haces.

    1. Tienes toda la razón, contra más mayores somos peor. De jóvenes somos valientes, de mayores nos acomodamos. Pero hay que sacudirse el polvo, el miedo y la caspa en el mismo gesto. La vida es riesgo, retos nuevos. Un beso enorme, y gracias por atreverte 😉

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