Cómo Niebla en Tánger me ayudó en un mal día y cómo ser otra persona.

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Niebla en Tánger: ¿Quién no ha querido alguna vez ser otra persona? Cambiar la compra del supermercado del sábado (¡Dios, siempre por los mismos pasillos, no vaya a ser que se olvide algo!) por problemas, de los serios, de los que se acompañan con  molinos de viento, encontrar a Dulcinea tras una barra de bar pringosa, o a Don Quijote en cualquier seven eleven y fugarte con él. Dicho de otra forma: ¿quién no quiere vivir aventuras?

Dentro Joaquín Sabina queriendo ser “Una chica Almodovar”.

Un mal día

Hace poco tuve unos días, digamos, complicados. No os voy a contar por qué pero tuvo mucho que ver con diversas cagadas, mías y del universo.

Ah sí, amigos, el universo también se equivoca y mete la pata en el barro, hasta el fondo. Pero no se mancha solo, qué va, primero salpica a diestro y siniestro, y, si puede, te agarra para que te caigas tú también. Muy majete este universo.

Niebla en Tánger

Como os decía, malos días.

En esos días, de esos en los que lo único que quieres hacer es meterte en la cama, cerrar los ojos y desear que pase el tiempo, cuando tiempo es sinónimo de dolor, le di muchas vueltas a varias cosas, pero principalmente a dos:

  1. Cómo hacer que pasara más rápido o mejor
  2. Cómo ser otra persona

Vayamos por orden:

Cómo hacer que pasara más rápido o mejor.

No podía pensar en otra cosa que no fuera lo que había pasado, y la metedura de pata, y cuánta culpa tenía en el resultado, y cómo me sentía al respecto.  Vamos, que me quedé atrapada en pensamientos bastantes negativos.  Un poco como Flora (la protagonista de Niebla en Tánger), que ve embarazadas persiguiéndole por todos lados.

Decidí que no podía estar así, porque tengo una hija, y un trabajo, y porque además, no me daba la gana.

Lo siento, soy bastante egoísta (lo sé, defecto feo y gordo) pero simplemente, no me quería sentir mal. No podía cambiar el pasado, no podía hacer nada para deshacer lo que había hecho. Desde luego, había aprendido la lección. Con lo cual, ¿por qué seguir así, llorando, con un nudo en el estómago?

No es que lo haya olvidado. Me ha costado muy caro, no en dinero, sino en algo más valioso y más escaso, que es la amistad. No es que ande en bancarrota, pero digamos que he perdido uno de mis activos más antiguos y valiosos. Esto duele tanto que no puedo contaros más.

El día que pasó, intenté hacer algo para recordar aquel día por otra cosa. Esto no me lo he inventado yo: lo vi en un capítulo de Sexo en Nueva York, donde un novio rompe con Carrie con un post-it (otro día os hablo de los cobardes) y ella decide hacer algo para recordar aquel día por otra cosa. Acaba detenida por fumar un porro, pero, aun así, al final del capítulo confiesa que seguía recordando el día por el que le habían dejado con un post-it.

Aún así, yo lo intenté, y me apunté al gimnasio con una amiga. Me pasó igual que a Carrie, pero durante un tiempo me olvidé un poco. Luego volví a sentirme mal.  Así que decidí hacer cosas que me hicieran sentir bien:

  • Correr
  • Hablar con (otras) amigas de otras cosas.
  • Jugar con mi hija.
  • Comer helado y cualquier cosa que me apeteciera (esto acabó mal, porque la verdad que comí con ansiedad. De hecho, mejor borráis este consejo)

Y leer. Adivinad qué: Niebla en Tánger.

Niebla en Tanger Cristina Bou

Un libro que trae perfumes ajenos a Occidente, y eso siempre es un punto a favor.  Una narración enmarcada que te hace querer leer ambos libros, dos escritoras escribiendo historias paralelas. No me extraña que (casi) ganara el Planeta.

No os lo perdáis si os gustó El Tiempo entre Costuras, o  si en general os gusta la cultura árabe, Marruecos, las aventuras, los libros, escribir, amar, soñar, vivir. Es decir, no os lo perdáis.

Os dejo la sinopsis, que, dicho sea de paso no le hace justicia.

 A parte de leer, caí en la inconsciencia: me fui a dormir pronto y me levanté todo lo tarde que pude.Me pasa mucho, que cuando me ocurre algo malo, me entra sueño. Os lo juro. Creo que es un sistema de defensa de mi cerebro o algo así. En mi primer accidente de tráfico, que me estampó un coche (no pasó nada más que el susto), me entró un sueño que me moría, y eso que eran las 7:00 de la mañana. 

Cómo ser otra persona.

Leí mucho para meterme en otro mundo, en otra vida, olvidarme de mi realidad gris, de mis errores también, de las palabras que hacen herida. Las que merecía y las que no. Afortunada de mí Niebla en Tánger era el libro que tenía pendiente.

Me encantó la novela de Cristina López Barrio, porque más de una vez me he sentido Flora Gascón.  Siempre con un libro en las manos, trabajando en casa y soñando con el horizonte. Queriendo abrir el lomo de la novela que en ese momento esté leyendo y meterme de un salto.
Quién no ha querido suplantar una identidad, cambiar de nombre para cambiar de personalidad.

Así lo hacía una amiga, que siempre se cambiaba el nombre por la noche. Así lo hace el protagonista de mi próxima novela, que se arranca la adolescencia a tiras y renace en otro yo.
Y así lo hace Flora Gascón, quien se convierte en la bloguera-sin-blog-escritora-sin-libros  Flora Linardi.

Así que, durante esos días en los que intentaba pasar mi propio duelo, decidí meterme en la cabeza de otras personas. Imaginarme que no era tan yo y era más otra. Como Flora asumiendo la identidad de su abuela.

  • Me vestí con cosas distintas (un poco).
  • Me maquillé con rojo de labios (mucho).
  • Hablé con gente que no hablo nunca.
  • Escuché música que nunca suena en mi playlist.
  • Trabajé como una loca
  • Vi una película que hacía mucho tenía en pendiente.
  • Escribí de cualquier cosa menos de eso.

Y así, día, tras día, poco a poco, fui estando mejor.

No es que no duela, que no me arrepienta, y que no quisiera borrarlo. Claro que sí. Pero no puedo. Así que me toca seguir andando para adelante. Tengo que decir que he tenido suerte, porque últimamente me han pasado cosas maravillosas relacionadas con la escritura que me han hecho sentir feliz: un taller en Constitución y el segundo puesto en el concurso de cuentos de Curicó.

No hay final feliz para este post. Me imagino, no obstante, que no soy la única que la ha cagado alguna vez en su vida. Así que, si quieres contármelo en plan mal de muchos, me encantará leerte.

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