Cómo empezar a escribir: mi proceso creativo

empezar a escribir

Alguien me dijo una vez que no hablaba apenas en el blog de mi proceso creativo, de cómo empiezo a escribir.

Quizás es simplemente porque pensaba que cada uno tenía su método y que nadie estaría interesado en leer el mío.

Sin embargo, en los talleres de escritura que imparto es algo que siempre me preguntan y muchos, para mi sorpresa, me comentan que les sirve. Así que he decidido ponerlo aquí por si diera la casualidad que a vosotros también.

Un poquito de música para empezar:

Para empezar a escribir: banda sonora

A mí me gusta escribir con música, eso ya lo sabíais. Siempre, menos en dos ocasiones: cuando llueve y cuando escucho el mar.

Si llueve, lo único que quiero es aporrear las teclas. Es un reflejo instantáneo. Y uno de mis sueños es vivir tan cerca del mar que solo tenga que abrir la ventana para dejar entrar la sal.

Cuando la idea a penas está esbozada y solo es un barullo en mi mente, ese suele ser el primer paso para empezar a escribir: escuchar música.

Puede ser corriendo, puede ser sentada mientras tecleo. Pero la música me ayuda a ordenar todo lo que mi cabeza ha empezado a contarme. Porque en realidad las ideas, sobre todo los personajes, aparecen ahí, de repente, y yo, pobre de mí, solo hago que transcribirlo.

Drama_queen
Algo así como escuchar voces

Calentamiento: Escritura automática.

La escritura es, en muchos aspectos, como el deporte. Antes de comenzar un ejercicio necesitas calentar los músculos, en este caso, el cerebro. Que sí, que ya sé que el cerebro no es un músculo, pero me habéis entendido. Quisquillositos.

Lo podéis llamar escritura matutina o automática o vomitera emocional, da lo mismo: el caso es empezar a escribir lo que sea, lo que cenaste ayer o cómo te sientes, sin preocuparte por nada, ni por ortografía ni porque las frases tengan demasiado sentido. Solo dejo que mi mente entre en modo escritura. ¿Te lo puedes saltar? Sí, pero ayuda.

Cinco o diez minutos después ya estoy con las neuronas conectadas y puedo seguir donde lo dejé la última vez. Entonces leo el capítulo o la escena que trabajé en la última sesión y consulto mi documento de división por capítulos, que es casi lo único que hago como planificación. Y hablando de.

Planificación en el proceso creativo: Escritores de mapa o de brújula.

Es decir, planificadores versus gente dispersa como yo. La mayoría de los escritores están en algún punto en medio de ambos, no te agobies que esto no es como ser de un equipo de fútbol.

Depende de cual sea tu caso, tendrás un documento u otro de planificación al lado que te diga por dónde seguir. Hay mucha información en internet acerca de ellos, así que esta parte me la salto.

Yo planifico poco, poquísimo. Es algo que he mejorado en el curso de novela que hice en Escuela de Escritores, gracias a mi profesor Fernando Maremar (del que os recomiendo sus libros y cursos).

Pero hasta para los dispersos, pensar y escribir el concepto es una herramienta potente para empezar a escribir y olvidar el miedo a la página en blanco. Si tenéis sudores solo con escuchar esas palabras o conocéis lo que es el Bloqueo del Escritor, tenéis varios vídeos disponibles aquí. Mano de santo, oiga.

Por aclarar: el concepto es un resumen de quién es el protagonista, qué le ocurre, cuando, dónde, contra quién o qué se va a enfrentar, y todo lo que consideres relevante y que se te haya ocurrido.

Mi primer concepto suele ser apenas un esbozo de dónde quiero ir, un personaje del que quiero hablar, una trama que quiera explotar, un tema que quiera analizar. Vamos, en la práctica, casi nada.

De ahí empiezo a deshilachar la historia, poco a poco, tecleando. Hago un documento donde, además del concepto, intento dividir la novela por capítulos o unidades narrativas, con aquellos puntos que tenga claro incluir, sean escenas importantes o no.

Obviamente este documento cambia muchísimo a lo largo de todo el borrador, pero sirve para mantener cierta guía y aferrarte a la tierra.

ALERTA DE CONFESIÓN VERGONZOSA: todos mis documentos de planificación empiezan con la frase «Me encantan que los planes salgan bien».

Así de vieja soy que este es mi referente

Una vez he consultado mi documento y me he puesto en situación, solo hay un secreto: escribir. Escribo y escribo, y me dejo llevar por la magia de la escritura, por lo que los personajes deciden hacer. Me sorprenden, muchas veces.

Este método tiene una desventaja grande: tendréis que reescribir y reescribir y gastaréis tiempo en escenas que luego no tengan cabida. Pero, qué queréis que os diga: a mí lo que me gusta es ver aparecer las letras sobre fondo blanco: de pequeña tenía un juego de tinta y sellos y yo creo que se me quedó la manía. Sí, es construir la casa por el tejado. Pero qué bien me lo paso mientras.

Mi primer borrador, por tanto, es eterno. Pero al final sale. No sé cómo sois vosotros, pero yo conozco eternos planificadores que nunca escribieron una palabras; y eso tampoco es vida.

Y todo lo que borro, se queda en una carpeta que llamo «mierdastados» ( mierda + descartados), y que, en más de una ocasión, sirven como base para nuevas historias.

De dónde salen las ideas para empezar a escribir

Como os decía, la mayoría de veces se me ocurren mientras voy corriendo, o andando. También tengo un documento caótico que se llama «Cosas que escribir» y donde tengo anotadas infinitas ideas. Siempre lo consulto antes de comenzar una historia nueva, y escojo varias de las frases. A veces las uso, a veces no.

Sobre todo pienso en los personajes, porque ellos son el alma de un libro. Si consigues que un lector se enamore, odie o se identifique con un personaje, ya tienes mucho hecho.

Todos querrán matarte, besarte o ser tú

Y también me ocurre que escucho historias reales y me digo: tengo que escribir sobre esto.

Por ejemplo, el cuchillo emparedado en una pared en El segundo de antes. Os dejo parte del prólogo:

Hace muchos años mi buen amigo Pablo del Río me contó una historia sobre Bejís —Valencia—, su pueblo y lugar al que yo profeso un especial cariño. Unos vecinos decidieron ampliar la cocina y para ello tuvieron que picar una de las paredes que, hallándose la casa pegada a la montaña, era de roca maciza. Comenzaban apenas las obras cuando, para sorpresa de toda la familia —y me atrevería a decir que del pueblo entero—, encontraron un cuchillo emparedado en la piedra; un cuchillo en cuyo filo está escrita, con cierta filigrana, la siguiente leyenda: «Donde las dan las toman».

O la historia de la Isla Orrego en Mar de invierno en Cadaqués.

O la vida luchando contra el alzheimer de Rosa y Bernabé para mi tercera novela… Que todavía no os voy a dar el título.

Conclusión:

Para empezar a escribir, intenta plasmar tu concepto, hazte una pequeña división de unidades narrativas, y mancha esa maldita página en blanco.

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