Mar y los musicales o la patada que me hizo coger impulso y escribir

Las luces apagadas, la sala rebosante de silencio. Ni un crujido de palomitas, ni un sorbo de refresco. Solo Emma Stone, gigante, de lo maravillosa, inundando la pantalla, hablándome a mí, ínfima mortal. Mirándome y diciéndome, mientras las lágrimas se asoman a sus ojos ligeramente saltones, mientras con los puños estira las mangas del suéter