Bares 2.0 : Las redes sociales

Todo lo que puede pasar de interesante en la vida pasa en los bares.

(Con la palabra “Bares” aquí me refiero a cualquier local con barra donde se sirve comida y/o bebida).

Risas doradas con espuma hasta arriba, de las que desbordan el vaso y te dan agujetas en el estómago; besos dulces y derretidos como helados de fresa; lágrimas de carajillos; confesiones que se tienen que escupir como los huesos de las aceitunas si no quieres atragantarte. Despertares a la cruda realidad servidos en taza de expreso; declaraciones de amor entre bocatas de tortilla de patatas.

Cañas en los bares

 

Gabinete Caligari, haga el favor de poner la banda sonora más certera de los 80 españoles.

 

La cultura de bar

 

Es que yo soy muy de bares, qué le vamos a hacer. Una de las razones es porque, para mí, el concepto de bar y de amistad están cosidos uno al otro. Siempre me he reunido con mis amigos, con la familia, alrededor de una mesa. No sé si me viene por nacionalidad, por afición o por costumbre.

Tanto es así, que en mi novela Mar de Invierno en Cadaqués hay dos bares que tienen mucho protagonismo en la historia: La Marcela y Mi Dulce Guadalupe. Si vais a Cadaqués no los busquéis, que no existen. Cada uno es el centro de una parte de la historia, y, en especial mi querida cantina mexicana, es el pequeño jardín donde surgen y crecen amistades. Y hasta ahí puedo leer. 

Por si  quedaba suficientemente claro mi amor por los locales de ocio,  no pude evitar robarle la voz a Zoe y colar este párrafo: 

Mar de Invierno en Cadaques Bares
Si lo estás leyendo, te digo que a partir de este punto viene LO MEJOR 😉

 

Otro ejemplo: pocas cosas no me gustaron de Francia, (viví allí 8 meses), pero una de ellas fue lo que mi amigo Tomás, de León, bautizó como la “ausencia de Cultura de Bar”. Así con mayúsculas.

Pasa un poco lo mismo en Chile, o por lo menos en Curicó.

Los bares en Curicó (Chile)

 

Hace cinco años no había casi bares ni cafés en Curicó. La gente quedaba en casa de unos o de otros. Menos mal que eso ha cambiado, no sé si porque ha llegado mucha gente de otras ciudades de Chile más grandes que Curicó, o porque poco a poco ha ido aumentando la clase media en las regiones en el país.

 

Este punto creo que os lo debería explicar a los que estáis en otro hemisferio. Un café con leche en Chile cuesta, fácilmente, 1800 pesos, que son 2.30 €. Yo no sé en Madrid o Barcelona, pero esto en Valencia sería causa de revuelta local con palos y piedras.

 

revuelta
¡A la hoguera cual Ninot!

 

Además, tened en cuenta que el salario mínimo de Chile es de 288000 pesos (380 euros), y según el INE, el salario medio chileno en 2017 fue de 550400 pesos (730 euros). Para más inri, en el Maule (la región donde vivo yo) existe la MEDIA NACIONAL DE SALARIO MÁS BAJO.

Lo que explica un poco el tema de los bares. La otra parte quizás es costumbre social. Como os decía eso ha cambiado un poco, y hoy en día han florecido cual cerezos los cafés y bares en Curicó.

 

Bar Iguana
Mi Bar Favorito

 

Me estoy liando. Yo no venía a hablaros de economía o de lo abandonada que está la región del Maule por el gobierno central (Maule existe). Os venía a hablar de bares.

Y en concreto de unos que han aportado tantas cosas a mi vida en estas dos últimas semanas, bares de mala fama, a los cuales yo misma he criticado una y otra vez, y que sin embargo hoy vengo a alabar.  

Los bares llamados Redes sociales. Porque si lo pensáis, un bar es una red social, un sitio donde socializar con la gente. 

Hay gente buena suelta por ahí, aunque parezca mentira.

 

Durante estos últimos quince días los astros se han alineado y un cúmulo de cosas extrañas y maravillosas me ha ocurrido.  Sé que “maravillosa” es una palabra vacía e indigna de alguien que quiere vivir de la literatura, pero, sin embargo, creo que es el vocablo perfecto, porque su definición oficial es: “suceso o cosa extraordinarios que causan admiración”.

Y todos estos sucesos extraños tienen que ver con los bares virtuales.

Os pongo en antecedentes.

Benditos bares virtuales.

 

Un día, visitando calles de blogs y vitrineando por páginas web, encontré un bar llamado el Escritor Emprendedor. Entré, y lo primero que sentí es que daba igual mi bagaje, mis estudios, mis publicaciones. Ahí era bienvenida, era una más. Sentí que pertenecía.

Si te gusta escribir y entras a este bar, lanzarás tu pedido, tímidamente, con temor y a la vez ansia por ser oído: un café y unas tostadas de tomate, una de escaleta, una de correctores, cómo publico en Amazon, me siento estancada y no sé por dónde seguir, alguien aquí sabe de barcos, me podríais recomendar bibliografía sobre César Augusto, alguien conoce un concurso para Cli-fi.

Lo mejor de este bar es que no es el camarero y dueño del local el que te sirve lo que has pedido, al menos no de manera exclusiva. Cualquiera de los parroquianos que te oiga va a saltar la barra y te servirá lo que necesitas, y ten por seguro que otro vendrá a ayudarle.

Entre todos te darán la solución perfecta, y si no pueden, porque hay muchas cosas en la vida que no se pueden resolver, se pondrán un chupito contigo y te abrazarán hasta que de tus lágrimas salgan risas.

Porque las penas y las frustraciones cuando se comparten entre varios se rompen a trocitos como las migas de pan.

 

Allí todos los parroquianos se ayudan, aunque no se conozcan. Allí la palabra competencia no existe, porque tus lectores hoy pueden ser los míos mañana. Es un sitio donde sentirse bienvenido (y de paso hacer algo de networking).

Vosotros, que no sois escritores, estaréis pensando por qué os cuento esto. Es porque en este lugar he conocido a mucha gente que ha hecho mucho por mí, pero en especial y como os decía en estas dos semanas.

No los conozco, a ninguno. Nunca nos hemos dado dos besos, ni chocado la mano. Nunca hemos estado en la misma mesa. Y sin embargo, sin ellos jamás hubiera publicado mi primera novela ni abierto mis propios bares, en los que estoy encantada de charlar con vosotros. Ellos han comentado mis posts, han compartido mis ideas a través de sus redes. Algunos de ellos se han leído mi novela, y encima se lo han contado al mundo.

 

De bien nacido es ser agradecido.

 

A todos os lo agradezco por igual, pero me siento en la obligación esta semana de mencionar especialmente a Laila Monge, quien ha estrenado su ebook conmigo, a Pilar G Cortes, que me ha dejado escribir sobre canciones feelgood para ella, ha escrito para mí, se ha leído mi novela y me ha enviado un mail de ocho páginas al respecto. Y sin ningún insulto.

A Pilar Navarro, con la que he redescubierto que el mundo está lleno de casualidades bizarras, y que el Almussafes es lo mejor. (Gracias por leerme)

A Mc Latorre, quien ha escrito una novela fantástica sobre una banda de rock “Black Star Army” (toma título potente) que se puede leer  GRATIS aquí (¡corre!) y me ha dedicado un capítulo, solo porque compartimos amor por la música y por el programa feelgood Humor Amarillo (japonés, no chino).

Pero, hablando de generosidad, tengo que hacer un punto y aparte para mi grama-ángel.

 

Marian Ruiz, quien siempre tiene el detalle de decirme por lo bajini y en privado cuando he metido la gamba y hay un señor de la RAE teniendo un infarto por alguna de mis faltas.  Lo siento, me gustaría decir que son las prisas, (que también), pero la otra es que sigo aprendiendo.

Marian, que siempre está ahí, además me ha ayudado desinteresadamente, robándole horas al sueño, a salvar un reto que a la vez me resultaba hipnótico, oscuro, temible y feliz, como la película “Dentro del laberinto”, y que en realidad viene de otro bar.

Los Sie7e o cómo es posible que alguien me haya pedido un prólogo.

 

Hay otro bar al que suelo ir que se llama Nuestra biblioteca: Rincón de lectura y escritura. Es un bar que paralelamente al que os acabo de contar, me ha dado tantas o más alegrías. Cuando entras parece solo un sitio donde la gente comparte sus lecturas, se recomienda libros, pero es mucho más.

Así como el otro bar está enfocado para escritores, aquí cabe todo amante de letras, devoralibros, comepáginas y demás seres del inframundo lector. Os lo recomiendo infinitamente, porque si estáis leyendo esto, es porque os gusta la lectura. O la sandía. O los dos.

En este grupo presenté mi segunda novela, que todavía anda pendiente de ciertos detalles, y ellos fueron mis lectores cero. Me señalaron fallos, me dieron su opinión, y, ante todo, me hicieron sentir que estaba en el camino.

No contentos con ese inmenso favor, en septiembre eligieron Mar de Invierno en Cadaqués como lectura conjunta. Y otra vez me ayudaron a limar cantos afilados y a limpiar la retina con lágrimas por sus emocionantes palabras.

Opinión Mar de Invierno en Cadaqués

 

A través de ellos llegué a un montón de personas incluidas: Sarini (quien me llevo al bar), M° Angeles (mi primera firma de un ejemplar, antes incluso que mi madre), Noelia, (quién no para de ayudarme), Blanca, (quién hizo una reseña que hoy está en mi sinopsis), Jose (quién es mi camello de canciones) , Raquel (que siempre me anima con sus palabras) y tantos otros… Sin poder olvidar a Dorotea Farragut, la dueña y señora de este local de alterne literario. Por favor, perdonadme aquellos que no os menciono, tendría entonces que hacer este artículo interminable. A todos os llevo en la lista del debe.

Vosotros que tenéis buena memoria todavía, (ya veremos dentro de unos años si no os pasan factura las noches en los bares, en los de verdad), os acordáis de que en el nombre de este bar también está la palabra “escritura”.

 

Talleres y retos literarios se amontonan en sus mesas y salones, mesas que se disponen como en timbas furtivas donde se juega al póker más difícil, el de las letras, el del enganche, la conexión con las emociones del otro, el desbarajuste de los bajos y otras tripas.

 

Una de estas mesas, compuesta por siete escritores, algunos nóveles, otros no, han decidido dar un paso adelante y publicar el resultado de su juego: “Los sie7e”. Siete autores, siete relatos cado uno, sobre los siete pecados capitales. Imperdible regalo de navidad.

Letras Entrópicas, que así se llaman, me pidieron hace poco más de dos semanas que escribiera el prólogo para esta pecaminosa colección. La emoción y el canguelo me inundaron a partes iguales, tengo que decir.

Menos mal que Marian estaba allí rauda y veloz para orientarme y luego pasarle la pulidora a mi rugoso prólogo, hasta dejarla suavecito y brillante.

Y por si no me habían hecho suficiente honor, el jueves estos siete predicadores del pecado publican esta emotiva descripción:

¿Puede entonces existir la amistad virtual?

 

Este post se haría eterno (todavía más) si nos pusiéramos en consideraciones sobre qué es la amistad. Debería hablaros de las distintas etapas de la vida, de los distintos tipos de amigos. Mejor lo dejamos para otro día.

El café es mi mejor amigo

Por centrarnos un poco, según los jovenzuelos de la RAE (ya sabéis que mis dos fuentes de información favorita son la RAE y la Wikipedia, seguidos de cerca por el Yorokobu), las cuatro primeras acepciones de amistad son:

amistad

 

(Lo de amancebamiento también lo vamos a dejar por otro post).

Me quedo con la primera. Un afecto desinteresado que se fortalece con el trato. Yo vivo a 11000 km de donde están todos mis amigos de siempre, pero, gracias a los bares virtuales, me siento cerca de ellos. El whatsapp, con sus audios que salvan las diferencias horarias. El Skype, que permite que mi hija juegue a darles comida a sus abuelos. Y en fin, todas esas redes que me han hecho conocer por el nombre a muchísimos lectores y compañeros de letras que, de otra manera, nunca me hubiese cruzado.

No os voy a decir que no tienen su parte mala, las redes. Son agujeros negros por los que malgastamos nuestro tiempo, nos exponen a desalmados con intereses ocultos.

Esto también lo hablamos otro día porque hoy es domingo, hace una tarde preciosa, y no me apetece hablar de nubarrones.

Pero yo he descubierto su parte buena. Creo que es porque soy emigrante, y la distancia es como la película que se aplicaba al papel fotográfico: revela lo que, a pesar de estar a simple vista, permanecía oculto para nuestra visión del día a día, la visión del no llego, la visión de las prisas.

Sí, las redes sociales son el mal, pero también pueden ser bares en los que reunirse, conocer gente, pedir ayuda, ampliar conocimientos.

Estas dos semanas yo he visto su cara amable.

Aunque tengo que confesar, que mi red social favorita sigue siendo el auténtico e inimitable bar.

¿Y para ti, cual es tu bar (virtual o no) favorito? 

 

Pincha aquí para leer más entradas de la Playlist: Mi última obsesión. 

 

 

10 comentarios en “Bares 2.0 : Las redes sociales

  1. Me encanta tu post.
    Pienso lo mismo que tú: las redes sociales pueden acercarte a las personas que comparten tu visión del mundo.
    Y al otro lado de la pantalla para mí lo mejor del mundo es reunirme con mis amigos alrededor de una mesa llena de comida rica 🙂

    1. Totalmente de acuerdo, nada como unas bravas para acercar a la gente…Si os aguantais mutuamente el aliento a allioli, ¡Es que tenéis que ser amigos!

  2. Guau. Gracias por nombrarme. Te confieso una cosa: me daba mucho apuro ir a la MOLPEcon precisamente por tener que salir al otro lado de la pantalla y conocer personas de las que me había creado una imagen que tal vez no fuera real. Y me encontré con un montón de personas que son tal cual se muestran en el bar de El escritor emprendedor. Incluso mejores. Y doy gracias a la existencia del las redes que nos acercan a personas que de otra manera no conoceríamos. Como todo, bien usadas son excepcionales. Conectar a pesar de los km es increíble y maravilloso. ¿O no? Coincido contigo en que Marian es una crack que hemos conocido también gracias a estos bares virtuales.

    Estupendo artículo.

    1. Estupendas personas, más que estupendo artículo. Inciso, me encanta el término “salir al otro lado de la pantalla”. Es como salir del armario pero en redes sociales. Nos vemos en los bares 😉

  3. ¡Hola, Cristina! 🙂
    Las redes sociales son el mal y un traga tiempo fantástico PERO, como bien dices en el post, son el lugar perfecto para cumplir el dicho «Dios los cría y ellos se juntan» X’-P
    Yo he encontrado a mucha gente generosa que comparte mi manera de ver la escritura y a la que he podido desvirtualizar en más de una ocasión. Porque creo que de eso se trata en este mundo de los bares virtuales, de ser compañeros, de acompañarnos y ayudarnos en nuestros caminos.
    Yo también estoy encantada de haberte encontrado en uno de esos sitios y emocionada de que me hayas incluido en este post 🙂 Quién sabe, quizás también podamos «desvirtualizarnos» nosotras algún un día 😀
    Y sí, «Humor amarillo» es uno de los mejores programas que ha habido y habrá nunca en la televisión.
    ¡Un abrazo y a seguir escribiendo!
    MC.

    (Por cierto, voy por el capítulo 7 de Mar de Invierno en Cadaqués. Ya te contaré 😉 Y mil gracias por tus palabras sobre «The Black Star Army», ¡me han dado un subidón para seguir escribiendo! :-D)

    1. Sí, como en la vida misma: cosas buenas y malas. Ten por seguro que en algún momento nos encontraremos en un bar de los de verdad. Y si te he incluido es porque lo mereces. Un beso enorme y gracias por leer.

  4. En las redes se cultiva la amistad, estoy completamente de acuerdo. Que por qué diablos te hemos pedido que hagas nuestro prólogo, porque eres nuestra amiga y una escritora a la que admiramos, a partes iguales. Y no podríamos haber tenido un prólogo mejor. Infinitas gracias.

  5. Como siempre, me ha encantado tu post (y tu BSO, qué sabio es el señor Jaime Urrutia). Me encantan la camadería, las confidencias, las risas… todo lo que esconden mesas y barras de bar. Y sí, a veces en las redes se pueden “recrear” algunas de esas sensaciones. Y yo que me alegro 🙂

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